Las decisiones que configuran nuestras rutinas laborales están cada vez más influenciadas por algoritmos. Desde lo que leemos en las noticias hasta las tareas que realizamos en el trabajo, estas herramientas digitales también determinan turnos, tareas y salarios. La nueva directiva sobre transparencia laboral, que entra en vigencia hoy, exige a las empresas que informen a los empleados sobre cómo estos algoritmos influyen en sus condiciones laborales.
Esta normativa surge como respuesta a la directa necesidad de mejorar la transparencia en el ámbito laboral, regulada previamente por la directiva europea 2019/1152, que había acumulado un retraso de cinco años en su implementación en España. El Real Decreto 723/2026, que entra en vigor hoy, busca que los trabajadores tengan una idea clara de cómo se toman decisiones que les afectan directamente.
Según el artículo 3 de este decreto, las empresas deben informar a sus empleados sobre la existencia de sistemas algorítmicos que gestionan tareas como la carga de trabajo y la determinación de salarios. Además, no se limita a notificarlos, sino que también deben explicar con claridad las pautas y criterios que siguen dichos algoritmos. Esto es fundamental para que los empleados comprendan las variables que influyen en sus condiciones laborales.
El objetivo de esta normativa es asegurar que los trabajadores no enfrenten sorpresas ni posibles discriminaciones debido a decisiones automatizadas. La información sobre cómo operan estos sistemas debe ser proporcionada por escrito, ya sea en el contrato de trabajo o a través de documentos específicos disponibles en portales gubernamentales.
La nueva norma se suma a regulaciones previas, como la Ley Rider, que ya otorgaba al comité de empresa el derecho a conocer los parámetros que afectan a los empleados. Esta ley se centró inicialmente en plataformas de entrega, pero la actual normativa amplía el derecho al acceso a esta información, ya no solo a nivel colectivo, sino individual.
El interés por la transparencia en las decisiones algorítmicas ha aumentado, especialmente tras incidentes como el de Amazon, donde un algoritmo de selección penalizaba a las candidatas mujeres. En Italia, el Garante de protección de datos multó a Foodinho por tratar datos de repartidores de manera inadecuada, lo que destaca la necesidad de que los trabajadores tengan voz frente a decisiones automatizadas.
A pesar de la regulación, las empresas no están obligadas a revelar el código fuente de sus algoritmos. Deben ofrecer suficientes detalles sobre sus criterios de decisión para que los empleados puedan entender y cuestionar las determinaciones que les afectan. La preocupación por la competencia empresarial se mantiene como uno de los argumentos en contra de la divulgación completa de estos sistemas.
