Recientes investigaciones destacan el fenómeno conocido como “efecto Mateo”, un principio que explica cómo la desigualdad en la acumulación de riqueza se perpetúa a lo largo del tiempo. Este concepto se remonta a 1968, cuando el sociólogo Robert K. Merton lo popularizó en un estudio que mostraba cómo los investigadores más afamados reciben más reconocimiento que sus colegas menos conocidos, independientemente de su contribución al trabajo. Esto se relaciona con el conocido pasaje del Evangelio de San Mateo, que sugiere que “al que tiene, le será dado”.
El efecto Mateo se manifiesta de manera clara en el ámbito económico. El economista Thomas Piketty ha resumido este fenómeno a través de la idea de que, cuando los rendimientos del capital superan el crecimiento de la economía, aquellos que ya poseen riqueza ven multiplicados sus activos. Un estudio del Bank for International Settlements evidenció esto al analizar datos de Italia, mostrando que entre 1991 y 2016, el 10% más afluente obtuvo una rentabilidad significativamente mayor a la del resto.
Más allá de la economía, este efecto también se observa en otros campos, como la financiación de proyectos científicos. Investigadores de Harvard hallaron que quienes estaban ligeramente por encima del umbral de financiación obtuvieron más del doble de fondos en años posteriores, no por méritos adicionales, sino por contar con un primer proyecto aprobado que les daba ventajas.
El fenómeno se extiende incluso a la educación. El psicólogo Keith Stanovich demostró que los niños que comienzan a leer bien desde pequeños acumulaban más vocabulario y habilidades de aprendizaje, mientras que aquellos con dificultades se rezagaban con el tiempo. Esta dinámica crea una brecha creciente, similar a la concentración de riqueza observada en la actualidad.
Las herencias proverbialmente amplifican este patrón de desigualdad. Un análisis reciente indica que aproximadamente un tercio de la disparidad de riqueza en países como España, Francia y Estados Unidos se debe a la herencia. Globalmente, el 1% más rico ha capturado el 38% del crecimiento de la riqueza mundial desde los años 90, mientras que la mitad más pobre solo ha recibido un 2%, reflejando el impacto del efecto Mateo.
En el caso de las grandes fortunas, el contraste es notable. En 2016, Bill Gates lideraba la lista de millonarios con un patrimonio de 75.000 millones de dólares, mientras que en 2026, Elon Musk alcanzó los 708.000 millones. Esto indica un crecimiento exponencial en la riqueza de los más ricos, en comparación con la riqueza media de adultos en España, que ha mostrado poca variación a lo largo de los años. Este análisis subraya no solo la perpetuación de la desigualdad, sino también los retos que enfrentan quienes provienen de entornos menos favorecidos al intentar mejorar su situación financiera.
