El abogado Abelardo de la Espriella culminó su campaña presidencial en Colombia con un acto religioso, un giro notable en su trayectoria personal, ya que en el pasado se había identificado como ateo. Este evento, que tuvo lugar en compañía del actor mexicano Eduardo Verastegui, un conocido referente conservador, destaca la creciente fusión entre religión y política en el país. A pesar de este cambio, De la Espriella se presenta ante la primera vuelta electoral con ventajas sobre su oponente, la senadora Paloma Valencia, superándola en algunas encuestas y recibiendo estimaciones de un posible empate técnico con el senador de centro izquierda Iván Cepeda.
El enfoque de su campaña se centra en conquistar a los votantes indecisos y aquellos que tradicionalmente se abstienen de participar en el proceso electoral, un fenómeno que afecta casi al 50% del electorado en Colombia. Se especula que su reciente popularidad, impulsada en parte por la figura de “El Tigre”, puede movilizar a ciudadanos en regiones afectadas por la violencia, donde la decisión de voto se toma a menudo en el último momento. Para ello, De la Espriella espera obtener apoyo significativo en la región del Caribe colombiano.
Su campaña ha sido comparada con la de Javier Milei en Argentina, ya que ambos candidatos enfatizan una plataforma económica agresiva. De la Espriella ha prometido recortes masivos en el empleo público, fusión de ministerios y políticas que favorecerían el sector empresarial, incluyendo la minería y la industria petrolera. Sin embargo, algunos de sus anuncios, como la construcción de mega cárceles inspiradas en el modelo salvadoreño, han suscitado tanto interés como inquietud entre la población.
A pesar de su inexperiencia en el gobierno, su candidatura ha resonado en las calles de Bogotá, donde su nombre se menciona con frecuencia entre los ciudadanos, reflejando un fenómeno de conexión populista. Con un fuerte respaldo del establishment colombiano, De la Espriella puede tener el potencial de avanzar hacia una segunda vuelta electoral, lo que añade una capa de incertidumbre y expectación al actual panorama político del país.
