En Cantalejo, un pequeño pueblo de Castilla y León con menos de 3.700 habitantes, se preserva una jerga única conocida como gacería, que ha servido como código entre comerciantes de trillos por siglos. A unos 90 minutos de Madrid, esta variante lingüística mezcla vocablos de lenguas como el vasco, gallego y árabe, lo que la convierte en una parte esencial de la cultura local. Actualmente, la gacería enfrenta el riesgo de desaparecer, lo que ha llevado a iniciativas para revitalizar su uso.
La gacería es definida como “la jerga de los trilleros de Cantalejo” según el ‘Diccionario del Español Actual’ de la Fundación BBVA. Sin embargo, más allá de ser simplemente un dialecto, se caracteriza por un léxico rico que ha evolucionado y se ha adaptado a diferentes contextos. En la actualidad, hay recursos digitales que registran y difunden sus palabras y expresiones, incluyendo libros de pasatiempos y traducciones de obras, como ‘El Principito’, que se titula ‘El pitoche engrullón’ en gacería.
Con un léxico que supera las 300 palabras, la gacería utiliza principalmente sustantivos y ciertos verbos y adjetivos. Su vocabulario ha sido enriquecido por préstamos de otras lenguas y presenta fenómenos lingüísticos como la metátesis, donde se alteran los sonidos de las palabras. Este patrimonio verbal, que se desarrolló a partir de las interacciones comerciales de los habitantes de Cantalejo, ha sido crucial en su historia.
Los antecedentes de la gacería se remontan a antaño, cuando los comerciantes cantalejanos viajaban y recogían diversas influencias lingüísticas a lo largo de España. Este habla, que también actuaba como una forma de comunicación segura, permitía a los cantalejanos intercambiar información sin ser entendidos por forasteros. Su origen es controvertido, aunque se menciona desde el siglo XIII hasta el XIX, con un auge significativo en el siglo XX.
Hoy, la gacería sigue presente en la vida cotidiana de Cantalejo. La alcaldesa, Ana Rosa Zamarro, ha señalado la importancia de mantener viva esta lengua, promoviendo actividades en escuelas y publicando materiales específicos. Estas iniciativas buscan asegurar que Cantalejo no pierda este valioso legado cultural y que las nuevas generaciones puedan aprender y utilizar la gacería en su día a día.
