Con la llegada de las olas de calor, muchos ciudadanos enfrentan temperaturas que superan los 40 ºC, lo que no solo dificulta salir de casa, sino que también afecta la calidad del sueño. Las noches se tornan complicadas, con interrupciones frecuentes y problemas para conciliar el descanso adecuado, aumentando el insomnio en diversas personas.
Ante esta situación crítica, es común la tendencia de buscar alivio en la ducha fresca antes de dormir. Sin embargo, esta práctica puede resultar contraproducente al activar el cuerpo, dificultando aún más la llegada del sueño. Para que el cerebro reconozca que ha llegado el momento de descansar, necesita una señal física: el descenso de la temperatura corporal.
Cuando tomamos una ducha fría, aunque inicialmente sentimos un alivio, los vasos sanguíneos se contraen para mantener la temperatura interna, lo que provoca un efecto rebote. Esto resulta en una retención de calor y un estado de alerta en el organismo, impidiendo la relajación necesaria para dormir.
Por el contrario, el agua tibia o caliente tiene un efecto opuesto, según investigaciones de la Universidad de Texas en Austin. Esta modalidad de baño estimula el sistema termorregulador, promoviendo que la sangre fluya desde el núcleo hacia las extremidades, facilitando la disipación del calor corporal una vez finalizada la ducha. Esta caída en la temperatura central actúa como un interruptor biológico que favorece la inducción al sueño.
Por lo tanto, es recomendable buscar un punto medio en la temperatura del agua, idealmente entre 40 y 42,5 ºC, tal como indica un exhaustivo estudio publicado en Sleep Medicine. En contextos de calor extremo, los especialistas sugieren optar por agua templada que ayude a relajar los vasos sanguíneos, propiciando la pérdida de calor interno.
El tiempo de actividad después de ducharse es también un factor crucial. Estudios sugieren que el momento óptimo para bañarse es de una a dos horas antes de acostarse, lo que se asocia con una reducción en el tiempo que se tarda en optar por dormir. Un análisis publicado en el Journal of Clinical Sleep Medicine, que evaluó a más de 1,000 adultos, respalda que bañarse entre 61 y 180 minutos antes de dormir facilita la conciliación del sueño, gracias a los cambios fisiológicos relacionados con la temperatura corporal.
