En Celaya, Guanajuato, el obispo Víctor Alejandro Aguilar Ledesma reflexionó sobre su labor al frente de la Diócesis local en el marco de su quinto aniversario. Su gestión ha sido marcada por dificultades significativas, desde la pandemia de COVID-19 hasta la violencia que ha afectado a la comunidad. Este contexto ha influido en la vida cotidiana de los celayenses, ya que la inseguridad y el distanciamiento social han cambiado sus dinámicas de interacción y de culto.
Aguilar Ledesma recordó que asumió su cargo en medio de estrictas restricciones sanitarias, lo que obligó a la Iglesia a innovar en sus formas de conectar con los feligreses, quienes enfrentaban el miedo al contagio y la imposibilidad de participar en grandes celebraciones. Esto ha generado un ambiente de incertidumbre que ha requerido una significativa adaptación por parte de la comunidad.
La violencia ha sido un tema recurrente en la región. Hace cinco años, los homicidios dolosos y los robos a transporte eran la norma. Hoy, el panorama ha cambiado, con un aumento en los robos a viviendas y extorsiones que han hecho del día a día una preocupación constante para los ciudadanos. Aguilar Ledesma ha observado cómo cada administración municipal —la de Elvira Paniagua, Javier Mendoza y la actual de Juan Miguel Ramírez Sánchez— ha abordado estos desafíos de manera distinta, lamentando la falta de continuidad en las políticas públicas que podrían ayudar a estabilizar la comunidad.
Otro gran reto ha sido la reactivación del Seminario Diocesano, que fue severamente afectado por la pandemia. Con los seminaristas en sus hogares y algunos incluso perdiendo la vida a causa del virus, reiniciar estas actividades ha requerido de mucha creatividad y esfuerzo para asegurar un ambiente seguro para la formación de nuevos sacerdotes.
A pesar de los retos, el obispo ha destacado el profundo arraigo de la fe dentro de la comunidad celayense, donde la devoción a la Eucaristía y a la Virgen de Guadalupe prevalece. En su recorrido por todas las parroquias, ha encontrado un amor inquebrantable entre los fieles, lo que refleja la fuerza de la espiritualidad local.
Aguilar Ledesma planea continuar su labor pastoral, completando las visitas a los decanatos de Celaya entre septiembre y noviembre. Este proceso le permitirá obtener un diagnóstico más cercano de las necesidades y expectativas de su comunidad, actualizando así el Plan Diocesano de Pastoral. Su compromiso es con una comunidad que, a pesar de los desafíos, sigue unida en la fe y en la esperanza.
