Una revisión histórica sobre la epidemia de baile de 1518 en Estrasburgo pone en duda cifras y narrativas populares. Este suceso, que involucra a cientos de personas que supuestamente bailaron incontrolablemente, ha sido objeto de análisis por la historiadora Élisabeth Clementz, quien examina las fuentes más antiguas. Según los documentos, la primera persona afectada fue una mujer, apodada “Frau Troffea”, quien comenzó a bailar sin parar, atrayendo a otros a la misma conducta.
Las cifras en torno a este fenómeno son controvertidas. A pesar de la creencia popular que indica que hasta 400 individuos participaban, registros contemporáneos sugieren que solo alrededor de 50 personas estaban involucradas. Sirvieron como base informes de 1580, mucho posteriores a los eventos, donde se afirmaba que algunos murieron debido a la intensa actividad. Sin embargo, la falta de documentación directa del año en cuestión plantea interrogantes sobre la veracidad de estos relatos.
El mito también abarca la respuesta de las autoridades locales. Se ha afirmado que el Ayuntamiento de Estrasburgo agravó la situación al reunir a los bailarines en espacios públicos, lo cual tampoco encuentra apoyo en los archivos. Las autoridades optaron, en vez de eso, por aislar a los afectados en salas para controlar el contagio del comportamiento.
El origen del fenómeno sigue siendo un tema de debate. Históricamente, se pensaba que una intoxicación por ergotina, un alcaloide presente en ciertos moldeos de granos, era la causa. Sin embargo, esa teoría ha sido descartada en favor de la idea de una “enfermedad psicógena colectiva”. Esta última sugiere que episodios masivos de agitación y disociación eran comunes en contextos de gran tensión social y emocional, reflejando realidades de una época marcada por el estrés y la dificultad.
