El 23 de septiembre de 2026, el otoño comienza con temperaturas inusuales, alcanzando 35 grados en el valle del Guadalquivir. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha comunicado fluctuaciones significativas en el clima, advirtiendo una semana de calor veraniego en toda España, con máximas de entre 32 y 34 grados en diversas regiones, incluidos 36.9 grados en Pontevedra, un notable aumento respecto a las medias históricas.
Las causas del fenómeno se atribuyen a cielos despejados, aire procedente del norte de África y aguas marinas inusualmente cálidas. Esta situación provoca un desfase estacional, donde las bajas temperaturas esperadas no se corresponden con el calor persistente en el ambiente. Las previsiones continúan con temperaturas extremas, destacando 38 grados en Sevilla y Córdoba, según informes de Meteored. Lugares como Zaragoza, Badajoz y Ourense también experimentarán temperaturas superiores a las esperadas para esta época.
El inicio del otoño meteorológico, que comenzó el 1 de septiembre, coincide con un clima aún veraniego. Este contraste entre el calendario astronómico y el climático resalta un cambio en los patrones meteorológicos de las últimas décadas. Las mediciones históricas de AEMET indican que el fin del verano se situaba en torno al 16 de septiembre en los años 70, pero los cambios recientes complican las expectativas anuales sobre el clima.
De cara al futuro inmediato, los días venideros continuarán con un clima similar al verano durante el día y temperaturas más frescas por la noche. Sin embargo, el Mediterráneo mantiene temperaturas superficiales elevadas, con anomalías que podrían anticipar eventos climáticos más extremos, como consecuencias de las lluvias intensas que han afectado recientemente a varias zonas costeras. Las condiciones actuales sugieren que, aunque el otoño esté presente, su llegada efectiva podría extenderse aún más en el tiempo.
