Investigadores han descubierto una creciente tendencia en plataformas como Facebook e Instagram, donde se anuncian partes de cuerpos humanos momificadas a la venta. Estas piezas, que incluyen cabezas y manos, pertenecen a momias antiguas y son comercializadas como artículos de segunda mano. Este fenómeno no solo representa un negocio internacional, sino que también plantea importantes riesgos de salud, debido a la posible presencia de hongos y sustancias tóxicas en los restos, que pueden ser enviados directamente a los compradores.
Un estudio dirigido por la bioarqueóloga Kirsty Squires, publicado en el International Journal of Cultural Property, documentó 128 anuncios de restos momificados entre 2015 y 2025. Se hallaron ofertas en redes sociales y plataformas de comercio electrónico que incluyen extremidades y columnas vertebrales. En Estados Unidos, una cabeza momificada de Egipto alcanzó los 115,000 dólares hace aproximadamente una década, lo que demuestra un mercado que se beneficia del anonimato y de la falta de regulación.
Los hallazgos revelan que muchas de estas piezas presentan moho visible y colonias microbianas, lo que podría generar problemas para los vendedores, los trabajadores postales y los compradores. Específicamente, algunos hongos del género Aspergillus podrían producir esporas que permanezcan viables durante largos periodos, aumentando el riesgo de problemas respiratorios.
Además de los hongos, los investigadores advierten sobre la posible presencia de residuos peligrosos, como arsénico y mercurio, en estos objetos, que eran utilizados en antiguos procesos de conservación. Esto transforma el acto de manipular o incluso inhalar partículas de estos restos en una posible vía de exposición a sustancias tóxicas. Algunos vendedores han sido observados sosteniendo los restos sin protección, lo que aumenta el riesgo sanitario en un comercio que, a menudo, carece de las precauciones adecuadas.
Históricamente, el comercio de momias se remonta a siglos atrás, con un auge durante el siglo XIX, cuando eran vendidas como curiosidades y souvenirs. A pesar de ser un fenómeno antiguo, la combinación de un mercado sin control y los métodos modernos de entrega resalta una preocupación contemporánea que trasciende el mero coleccionismo. La investigación pone de manifiesto que la circulación de estos restos no es solo un desafío ético, sino también una cuestión de salud pública, ya que las piezas potencialmente contaminadas son enviadas sin la correcta evaluación de riesgos.
