Un análisis reciente en Italia ha puesto de relieve la problemática de la categorización de los alimentos ultraprocesados, cuestionando su impacto en la salud. La investigación, publicada en la revista Foods, examinó más de 13.000 productos y reveló que alrededor del 66% recibió calificaciones desfavorables en el Nutri-Score, siendo los snacks los más perjudicados. Sin embargo, los investigadores advirtieron que el nivel de procesamiento no es un indicador definitivo de su efecto en la salud, ya que variables como la densidad energética y el perfil de nutrientes también juegan un papel crucial.
Estos hallazgos son especialmente relevantes en el contexto de estudios epidemiológicos, como los de la Universidad de Harvard, que identifican que ciertos alimentos ultraprocesados, como las bebidas azucaradas y carnes curadas, aumentan el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares. En contraste, productos como cereales fríos, pan integral y yogures muestran un efecto neutro o incluso beneficioso, a pesar de su procesamiento.
Análisis realizados en Europa refuerzan este enfoque, destacando que, aunque algunos productos ultraprocesados implican riesgos importantes, otros, como variantes vegetales y ciertos panes, no están relacionados con un aumento en enfermedades. Este enfoque sugiere que la calidad general de la dieta es un indicador más significativo de salud que el grado de procesamiento de los alimentos.
Además, el consumo de versiones ultraprocesadas tiende a llevar a un aumento de calorías en la ingesta diaria, lo que se relaciona con picos de insulina, aunque puede que no todas las opciones sean perjudiciales. Las críticas hacia la clasificación NOVA indican que confundir “procesado” con “alto en azúcares o grasas” simplifica en exceso un tema complejo y puede distorsionar la percepción del consumidor.
La evidencia sugiere que no todos los ultraprocesados son igualmente dañinos y que el enfoque en el contenido nutricional es fundamental para una alimentación más saludable.
