Un reciente estudio realizado por la Universidad de Queensland ha arrojado nueva luz sobre el comportamiento migratorio de los cocodrilos de agua salada, revelando cómo estos reptiles son capaces de recorrer distancias impresionantes en sus hábitats oceánicos. La investigación involucró el seguimiento de 27 cocodrilos adultos en el río Kennedy mediante emisores acústicos, recolectando datos durante un periodo de 12 meses.
Los hallazgos muestran que, tanto machos como hembras, emprenden viajes regulares de más de 50 kilómetros hacia la desembocadura del río y mar adentro. Este desplazamiento se inicia justo después del cambio de marea, momento en el que los cocodrilos aprovechan las corrientes, manteniéndose en la superficie para facilitar su viaje. Cuando la corriente se vuelve desfavorable, suspenden su avance, descendiendo al fondo o acudiendo a la orilla para descansar.
Un caso notable de esta investigación documentó a un macho de 3,84 metros que recorrió 590 kilómetros a lo largo de la costa de la península del Cabo York en solo 25 días. Su trayecto coincidió con un sistema estacional de corrientes del golfo de Carpentaria. Otro ejemplar de más de cuatro metros de longitud cruzó el estrecho de Torres, recorriendo 411 kilómetros en 20 días.
A pesar de sus largos viajes, los análisis genéticos indican que los cocodrilos marinos no forman una única población global. En cambio, existen seis poblaciones geográficamente específicas, sugiriendo que estos reptiles tienden a regresar a sus lugares originales para reproducirse, lo que resalta la complejidad de su comportamiento migratorio y su genética.
