En 1971, la NASA, durante la misión Apollo 14, envió a la Luna un cargamento inusual: cientos de semillas de árboles. Este experimento, resultado de una colaboración con el Servicio Forestal de Estados Unidos, tuvo como objetivo evaluar el impacto de la ausencia de gravedad en la germinación. Las semillas completaron 34 órbitas lunares antes de regresar a la Tierra, y a más de cinco décadas de distancia, su legado continúa influyendo en el medio ambiente estadounidense.
La idea fue propuesta por el astronauta Stuart Roosa, quien, además de ser piloto del módulo de mando, había trabajado como bombero forestal. Se optó por cinco especies de árboles: pino taeda, sicómoro americano, liquidámbar, secuoya costera y abeto de Douglas, mientras que otros lotes idénticos permanecieron en la Tierra para posteriores comparaciones.
Las semillas fueron lanzadas al espacio el 31 de enero de 1971 y, aunque no llegaron a tocar la superficie lunar, su regreso estuvo marcado por un incidente tras el amerizaje. Durante los procesos de descontaminación, las bolsas que contenían las semillas se abrieron accidentalmente, lo que llevó a la creencia inicial de que se habían perdido. Sin embargo, el genetista Stanley Krugman recuperó la mayoría de ellas y las envió a centros de cultivo en Mississippi y California, donde muchas germinaron con éxito.
A mediados de los años 70, los árboles comenzaron a ser plantados en diversas localizaciones de Estados Unidos, coincidiendo con las celebraciones del bicentenario de 1976. Se plantaron en parques, universidades y otros espacios públicos, llegando incluso a la Casa Blanca y a países como Brasil y Suiza. A pesar de que no se observaron diferencias significativas respecto a los árboles de control que nunca salieron de la Tierra, su viaje espacial les confirió una historia única y simbólica.
Con el tiempo, la falta de un inventario adecuado causó que muchos ejemplares se perdieran o murieran, manteniendo su historia en el olvido hasta que en 1996, una profesora de Indiana descubrió uno de los árboles identificados como “Moon Tree”. Este hallazgo condujo a la NASA a investigar y reconstruir la historia de los árboles sobrevivientes.
Hoy en día, estos árboles son considerados monumentos vivos del programa Apollo. Algunos han dado origen a una nueva generación de plantas, y en 2022, la NASA envió nuevas semillas alrededor de la Luna a bordo de Artemis I, continuando así el legado del experimento original. Así, las semillas que hace más de 50 años viajaron al espacio han florecido en árboles repartidos por toda la Tierra, mientras sus sucesores repiten la travesía.
