Al menos diez personas fueron asesinadas en Sinaloa en el contexto de una crisis de violencia que ha devastado la región en los últimos dos años. Este trágico balance se da justo antes de la ‘marcha por la paz’ que se llevó a cabo en Culiacán, en un momento donde la preocupación por la seguridad y el bienestar de las familias es más urgente que nunca.
El día de ayer, se reportaron cuatro muertes en Culiacán, cinco en Mazatlán y una más en Escuinapa, de acuerdo con fuentes de seguridad. En Culiacán, los cuerpos de dos hombres aparecieron en bolsas de plástico, mientras que una mujer fue asesinada a tiros en su camioneta. Mazatlán también sufrió, con el hallazgo de un hombre y una mujer con huellas de violencia. En Escuinapa, una mujer fue encontrada con impactos de bala a la orilla de una carretera.
Estos crímenes reavivan el miedo entre la población, que ha sido testigo del deterioro de su entorno debido a la lucha entre facciones del Cártel de Sinaloa. La marcha, convocada por más de 30 organizaciones civiles bajo el lema “Sinaloa nos une, el grito de paz nos mueve”, surge como un esfuerzo colectivo para reclamar seguridad y justicia en una región marcada por la pérdida y el sufrimiento.
Miles de ciudadanos se unieron a la movilización en Culiacán, presentando pancartas con mensajes como “No queremos miedo, queremos paz” y “Cuando una madre llora, lloramos todas”. La participación abarcó desde colectivos de búsqueda de personas desaparecidas hasta empresarios y agricultores, reflejando un sentido de comunidad y la necesidad de un cambio.
Los organizadores de la marcha estimaron que alrededor de 50 mil personas llenaron las calles, simbolizando una resistencia renovada contra la violencia. En un momento significativo, el obispo de la Diócesis de Culiacán, José de Jesús Herrera Quiñones, ofreció una misa en el inicio de la movilización, enfatizando la importancia de trabajar juntos por una sociedad donde las familias puedan vivir sin temor.
La violencia en Sinaloa ha dejado un saldo sombrío de más de 3,000 muertes desde el inicio del conflicto interno en el cártel, que estalló tras el secuestro de Ismael ‘El Mayo’ Zambada en 2024. A pesar de los esfuerzos del Gobierno de México por combatir el crimen organizado, la inseguridad persiste, llevando a un clamor cada vez más fuerte de la ciudadanía por paz y justicia en su día a día.
