A inicios de julio, los acuicultores del Delta del Ebro señalaron un año complicado para el cultivo de mejillones, afectado por el aumento de la temperatura del agua, que superó los 28ºC durante días. Esta ola de calor ha generado un aumento en la mortalidad de los bivalvos, reportando la pérdida de más de 400,000 kilos de producto. Esta situación de crisis para los mejilloneros ha llevado al sector a evaluar nuevas alternativas, dando mayor protagonismo al cultivo de ostras, que pueden adaptarse mejor a estas condiciones climáticas extremas.
El cambio climático está impactando directamente en la productividad del Delta del Ebro, una tendencia que se ha ido acentuando con el tiempo. Según Gerardo Bonet, portavoz de la federación de productores de moluscos (Fepromodel), las altas temperaturas han adelantado la mortalidad de los mejillones, lo que se traduce en pérdidas significativas y un aumento en los costes de producción. En ciertos casos, la mortalidad ha alcanzado hasta un 80% de la cosecha en algunos cultivos.
El sector se enfrenta a un panorama desolador. En un año en el que se esperaba una producción de aproximadamente 2.5 millones de kilos, la cantidad se ha visto drásticamente afectada por las condiciones del agua, que necesita permanecer por debajo de 28ºC para la supervivencia de los mejillones. Sin embargo, el Mediterráneo ha experimentado temperaturas que superan los 32ºC, lo que ha colocado al mejillón en una situación crítica.
Aparte de las temperaturas extremas, las costas se han visto afectadas por problemas adicionales, como la pérdida de larvas en condiciones inadecuadas, lo que aumenta la dependencia del sector de la importación de alevines desde otras regiones. Este hecho también ha elevado los costos, que han pasado de 0.67 euros por kilo hace cuatro años a hasta 1.25 euros esta temporada.
El cultivo de ostras, aunque no es nuevo en la región, está empezando a cobrar mayor relevancia como alternativa al mejillón. Los productores están buscando diversificar sus cosechas mediante el cultivo de variedades más resistentes al calentamiento del Mediterráneo. Además, experimentos como el de la inmersión de 145,000 crías de ostra en el Delta representan un paso en la dirección de asegurar una producción más sostenible y a largo plazo.
La situación es un recordatorio de la fragilidad del ecosistema marino y la necesidad crítica de adaptarse a los desafíos del cambio climático, buscando soluciones que favorezcan tanto la producción local como la resiliencia del sector acuícola en el Delta del Ebro.
