Arabia Saudí se enfrenta a una situación crítica en sus ambiciosos proyectos arquitectónicos, diseñados para diversificar su economía y atraer turismo de lujo. Sin embargo, la última caída en los precios del petróleo ha puesto en riesgo estas iniciativas, que dependen fuertemente de ingresos petroleros estables. A pesar de planes ambiciosos como Vision 2030, la actual fluctuación en los precios del crudo, que se encuentran alrededor de 70 dólares por barril, afecta directamente al presupuesto del país, obligando a recortes de gasto que podrían superar el 3,7% anual para 2025.
El descenso en los precios del petróleo, que estuvo por encima de los 100 dólares en 2022, ha limitado la capacidad del gobierno saudí para financiar proyectos como Neom, un desarrollo futurista que había prometido atraer inversiones masivas. Con un déficit presupuestario proyectado de aproximadamente 27.000 millones de dólares, la situación obliga a las autoridades a ajustar sus planes de inversión. Se prevén recortes significativos en los megaprojectos, y ya se han revaluado ambiciones iniciales, como la reducción de un edificio de 170 km a solo 2,7 km para 2030.
La presión económica lleva al gobierno a buscar nuevas inversiones para compensar el estancamiento en los ingresos del petróleo. Arabia Saudí ha establecido compromisos, como ser sede de los Juegos Asiáticos de Invierno en 2029 y la Expo 2030 en Riad, lo que podría desviar más fondos de sus obras arquitectónicas en Neom. La falta de claridad en el futuro de estos compromisos ya ha resultado en el aplazamiento de eventos y la reorientación de infraestructuras. La trayectoria futura de Arabia Saudí en su carrera por diversificar su economía dependerá de su capacidad para atraer inversiones en un entorno económico incierto.
