Suecia ha dado un paso significativo al abrir sus fronteras para importar residuos, con el objetivo de maximizar la conversión de desechos en energía. Este país ha alcanzado el hito de ser “100 % reciclable”, utilizando sus plantas de cogeneración, llamadas kraftvärmeverk, para transformar basura en electricidad y calefacción. Este sistema no solo proporciona calor a más de 1,4 millones de hogares, sino que también genera ingresos al gestionar residuos de otras naciones.
A través de este modelo, Energiföretagen Sverige cifra en 19,5 teravatios-hora la energía recuperada de la basura anualmente. La importancia de esta estrategia radica en su enfoque de economía circular, marcando una clara diferencia respecto a otros países europeos que aún dependen de vertederos para la gestión de residuos. Con un creciente costo del vertido, las naciones exportadoras están sometidas a presiones económicas que las llevan a considerar alternativas más sostenibles.
La importación de basura en Suecia no es un fenómeno reciente; datos de la Agencia Sueca de Protección Ambiental revelan que, en 2024, el país recibió aproximadamente 3,86 millones de toneladas de desechos, principalmente de Reino Unido, Noruega e Italia. Este negocio es sumamente rentable, logrando beneficios de hasta 373 coronas por tonelada en 2015.
Sin embargo, la dependencia de residuos importados plantea preguntas sobre la sostenibilidad a largo plazo. Las plantas de valorización energética en Suecia podrían adaptarse para utilizar biocombustibles si la basura extranjera deja de llegar. A pesar de las ventajas económicas y energéticas que aporta la incineración de residuos, hay que tener en cuenta que este proceso también está vinculado a emisiones de dióxido de carbono, generando un impacto ambiental que se debe considerar en el debate sobre modelos de gestión de residuos más limpios.
