En un contexto de creciente preocupación por los incendios forestales, un estudio de investigadores de la Universidad de Lleida ha revelado las razones por las que ciertas zonas de Europa, como los Pirineos y los Alpes, no arden con la misma frecuencia que otras regiones. Este trabajo liderado por Víctor Resco de Dios y su equipo se centra en el conocido como “déficit de presión de vapor” (VPD), un factor crítico que determina la “sed” del aire y, por lo tanto, la disponibilidad de combustible para el fuego. A pesar de sus advertencias desde 2021, recientes incendios en España, como el de Peña de Riscos que arrasó 20.000 hectáreas, han evidenciado que sus hallazgos han quedado en gran medida sin respuesta política.
El estudio, publicado en la revista Science of the Total Environment, analizó la humedad en diversas parcelas forestales y su relación con los incendios históricos entre 2006 y 2020. Resco de Dios y su equipo identificaron que un VPD superior a 3,6 kilopascales incrementa significativamente el riesgo de incendios, encontrando que en su área de estudio nunca se había superado el umbral de 3,1 kilopascales. Sin embargo, el clima ha cambiado, y el 17 de agosto de 2026 se reportó un VPD de 4,02, el cual se vio exacerbado por condiciones climáticas de 33 grados y una humedad relativa del 20%. Aunque este índice es indicativo de condiciones propensas a incendios, la chispa inicial en este caso provino, presuntamente, de una obra en una carretera.
A pesar de haber identificado el problema, los expertos advierten que se requieren medidas significativas para la gestión forestal. Aunque se temía que 300.000 hectáreas de montes pirenaicos pudieran arder, no se han implementado políticas públicas que aborden estos riesgos de manera efectiva. Actualmente, no hay cartografía pública de áreas inflamables ni un sistema de alerta avanzada. El panorama es desalentador para los equipos de extinción, que enfrentan incendios de mayor envergadura sin los recursos de prevención adecuados.
El cambio climático y la falta de acciones concretas para mitigar estos riesgos han llevado a expertos como Marc Castellnou a recalcar la urgencia de tomar medidas. Sin embargo, el sentimiento general es que todavía no se percibe la gravedad de la situación, a pesar de los relatos tangible de incendios devastadores en regiones como Riglos y Guadalajara. Las lecciones de estos incendios recientes resaltan la necesidad urgente de un enfoque renovado en la gestión de los bosques y la creación de políticas que respondan al desafío real del cambio climático.
