Un manuscrito del Palacio Real, conocido como ‘Asiento de Caza’, revela la práctica cinegética del rey Fernando VI de España, que entre 1745 y 1755 registró más de 1,241 cacerías y abate de más de 38,000 animales. Este documento no solo proporciona un vistazo a la vida en la corte real, sino que también se ha transformado en una herramienta valiosa para biólogos que estudian los cambios en la biodiversidad de la península ibérica a lo largo de 300 años.
El investigador Juan Jiménez destaca la meticulosidad del registro, mostrando que Fernando VI cazaba casi a diario, lo que permite inferir datos significativos sobre la fauna de su época. Miguel Clavero, del CSIC, explica que estos registros permiten analizar variaciones en la disponibilidad de especies y su presencia estacional, siendo un recurso histórico clave.
Ambos investigadores publicaron sus hallazgos en el ‘European Journal of Wildfire Research’, poniendo de manifiesto la importancia del ‘Asiento de Caza’ no solo para entender el comportamiento del rey, sino también para el estudio científico moderno. Con 112 cacerías anuales en promedio, la información del manuscrito ha permitido a los científicos establecer comparaciones sobre la biodiversidad a lo largo del tiempo.
El documento detalla que el rey era un cazador asiduo de conejos, perdices, y otros animales pequeños; sin embargo, también cazaba especies mayores como lobos y ciervos, lo que sugiere un impacto significativo en la fauna local. A pesar de su afición, no se encontró evidencia de caza de especies como linces o corzos.
La investigación resalta que la caza en el pasado estaba ligada a la destreza deportiva, además de proporcionar caza sustancial, mientras que los terrenos de caza eran gestionados para garantizar la abundancia de animales para el rey. Esto contrastaba con las prácticas agrícolas y de subsistencia limitadas en estas áreas.
Fernando VI no fue el único monarca cazador; sus sucesores también fueron reconocidos por su afición, con Carlos III y Carlos IV destacado por su actividad cinegética. Esta continuada tradición pone de relieve la importancia cultural y científica de estos registros en la historia de España.
