Miguel Mancera Aguayo, quien lideró el Banco de México durante 16 años, falleció a los 93 años, dejando un legado significativo en la economía del país. Su muerte, anunciada este lunes, resuena en el corazón del entorno financiero nacional, recordando el impacto de sus decisiones en la vida cotidiana de los mexicanos. Mancera fue fundamental en momentos clave de estabilidad económica, lo que ha influido en la importancia del Banco de México en la política monetaria del país.
Con más de cuatro décadas de experiencia en el sector financiero y académico, Mancera se destacó como un economista comprometido. Fue licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), institución donde también impartió cátedra. Su carrera comenzó en el Banco de Comercio y, desde 1957, se integró al Banco de México, donde desempeñó diversos roles hasta ser nombrado director general en 1982 por el entonces presidente Miguel de la Madrid.
Durante su gestión, guió la política monetaria en tiempos de crisis y fue responsable del cambio a la nueva moneda, el Nuevo Peso, un hito que transformó la economía nacional. En 1994, tras la autonomía del Banco de México, se convirtió en el primer gobernador de la institución en su nueva estructura, cargo que ocupó hasta 1998.
Mancera Aguayo también dejó huella en el ámbito académico, siendo profesor de Economía Política y miembro activo en diversas organizaciones educativas y culturales. Recibió distinciones como Gran Oficial de la Orden de Rio Branco de Brasil y la Legión de Honor de Francia, reflejando su impacto más allá de las fronteras nacionales.
Tras conocerse su fallecimiento, diversas figuras y organizaciones, incluyendo la ministra en retiro Olga Sánchez Cordero, expresaron su pesar y subrayaron su aporte a la estabilidad económica del país. El Banco de México y el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario también se unieron a estas condolencias, reconociendo su legado y contribución a las instituciones financieras mexicanas.
