El océano global ha registrado en julio su temperatura superficial más alta, alcanzando los 20,96 ºC, un aumento que afecta la salud de los ecosistemas marinos y podría tener repercusiones en la vida cotidiana. Esta cifra, divulgada por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), supera el anterior récord de 20,89 ºC del mismo mes en 2023, lo que subraya la crisis climática en la que nos encontramos.
Esta medición se refiere específicamente a la capa superficial del agua, que abarca aproximadamente los primeros diez metros de profundidad, y no incluye el agua profunda ni el hielo polar. A nivel del Mar Mediterráneo, la situación es aún más grave, con un promedio de 27,07 ± 0,27 ºC, según datos del Mercator Ocean. Estas altas temperaturas han favorecido la aparición de olas de calor marinas, alterando los ecosistemas locales y amenazando la biodiversidad.
El calentamiento global, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero, está detrás de este aumento de temperaturas. Julio de 2026 se ha clasificado como el segundo mes de julio más cálido registrado, empatando con julio de 2024. Además, la Organización Meteorológica Mundial ha alertado sobre las condiciones de El Niño, un fenómeno que incrementa las temperaturas globales y contribuye a un clima ya sobrecalentado.
Para obtener estas cifras, el C3S utiliza el sistema ERA5, que combina datos históricos con observaciones en tiempo real. Esta herramienta integra información de sensores satelitales y mediciones in situ de barcos y boyas, generando mapas precisos de temperatura del agua desde 1979. Este enfoque técnico y riguroso permite capturar con precisión la evolución de las temperaturas marinas y sus impactos a nivel global.
