En 2024, España vio la publicación de más de 90.000 libros, mientras que en Estados Unidos la cifra alcanzó casi tres millones, incluyendo aquellos de autopublicación. Este aumento sustancial en la producción literaria indica que cada vez más personas se embarcan en la escritura. La transformación en este ámbito se ha visto impulsada por la evolución tecnológica: la clásica máquina de escribir ha sido reemplazada casi en su totalidad por ordenadores, proporcionando a los escritores una experiencia más personalizada y eficiente.
En la actualidad, los autores pueden optar por escribir en diversos dispositivos, ya sean ordenadores de sobremesa o portátiles. Factores como el tipo de teclado y las aplicaciones elegidas para escribir son esenciales para la experiencia. Aunque Microsoft Word sigue siendo popular, han emergido numerosas alternativas que se centran en las necesidades del escritor. Aplicaciones como Scrivener, Ulysses, iAWriter, Manuskript y Ghostwriter ofrecen herramientas específicas para la organización y estructuración de obras literarias, incluyendo modos de escritura que eliminan distracciones al presentar una interfaz sencilla, similar a un folio en blanco.
A esta tendencia se suman dispositivos diseñados exclusivamente para escritores que buscan minimizar las distracciones. Conocidos como teclados sin distracciones, estos aparatos permiten a los usuarios enfocarse únicamente en escribir. Por ejemplo, el Freewrite, desarrollado por Astrohaus, es un dispositivo que integra una pantalla para visualizar el texto, hablando de una experiencia de escritura casi análoga a la de las máquinas de escribir, pero con conectividad a internet para la sincronización de archivos en la nube.
Estos teclados, aunque útiles, poseen precios elevados. El modelo Freewrite Traveler costaba alrededor de 602,95 euros, mientras que el competidor japonés Pomera tenía un precio aproximado de 449 dólares. Ambos productos, a pesar de enfocarse en un nicho muy específico, presentan limitaciones en términos de funcionalidad y accesibilidad.
Conversaciones con tres usuarios de estos dispositivos han revelado experiencias diversas. Ilia Epifanov, escritor y editor, optó por un antiguo Nokia E7 en lugar de un teclado sin distracciones, señalando que su simplicidad permitía evitar distracciones excesivas. Carl Dilkington, autónomo, eligió el Freewrite Traveler por su estética y portabilidad, aunque reconoció que no elimina la necesidad de auto-disciplina al momento de escribir. Su experiencia fue positiva, pero también mencionó fallas de funcionamiento en menos de un año de uso.
Eduardo Robsy, economista y escritor, ha explorado múltiples opciones. Su búsqueda incluyó un smartphone con teclado físico, un dispositivo Android de tinta electrónica y el Alphasmart Neo, que ofrecía una larga autonomía pero limitaciones en funcionalidades. Finalmente, se hizo con la Freewrite Alpha, valorando su capacidad para enfocar la escritura en primer borrador, aunque no sin críticas por el ruido del teclado y la falta de funcionalidades básicas.
En resumen, aunque estos dispositivos sin distracciones pueden ofrecer ciertas ventajas, ninguno resulta ser una solución perfecta. Al final, los escritores deben enfrentar el desafío que representa la concentración, ya que la distracción puede surgir de múltiples fuentes, y la clave para escribir radica en la dedicación y la voluntad de sentarse y trabajar.
