Los glaciares de los Estados Unidos, especialmente en la región del oeste, están experimentando un marcado retroceso. Un estudio reciente publicado en la revista PNAS revela que se ha perdido aproximadamente una cuarta parte de estos glaciares, lo que impacta directamente en el ecosistema y el clima local. Este hallazgo surge de comparar mapas topográficos históricos del Servicio Geológico de los EE. UU. con un inventario actualizado hasta 2015, evidenciando que el número de glaciares ha disminuido de 1,453 a 1,331.
Sin embargo, esta cifra oculta una pérdida mucho más significativa, ya que, en realidad, se han esfumado alrededor de 300 glaciares. Este cambio se debe a la fragmentación: los grandes glaciares se están desintegrando en cuerpos más pequeños, lo que puede dar la impresión de que hay más glaciares individuales, aunque la masa total de hielo esté disminuyendo. En concreto, el área total de hielo ha caído un 35 % y su volumen un 33 %, siendo la región de Beartooth-Absaroka una de las más afectadas, con pérdidas de hasta el 77 %.
A pesar de este panorama desalentador, algunos glaciares permanecen en áreas protegidas de las montañas. Este fenómeno se debe a que, al reducir su tamaño, los glaciares encuentran refugios en cuencas y barrancos profundos, que los protegen de la insolación directa. Sin embargo, este refugio es temporal. Estudios previos sobre la península Olímpica, en Washington, confirman que la mitad de la superficie helada se ha perdido desde 1900, con 35 glaciares y 16 neveros desaparecidos desde 1980, atribuidos al aumento de las temperaturas.
Los proyecciones no son optimistas: se estima que muchos glaciares podrían desaparecer para el año 2070. Este retroceso no es exclusivo de Estados Unidos, sino que representa una tendencia global alarmante, con 273 gigatoneladas de hielo perdidas anualmente entre 2000 y 2023, reflejando una crisis climática que demanda atención y acción urgente.
