La práctica de la inmersión en agua fría, inicialmente reservada para deportistas como futbolistas en proceso de recuperación, se está popularizando entre el público general con el objetivo de mantener tejidos sanos y jóvenes. Sin embargo, surge la pregunta: ¿realmente tiene beneficios esta exposición prolongada al frío? Un estudio de la revista Advanced Biology, realizó experimentos con diez jóvenes de 23 años, analizando cómo la inmersión en agua fría afectaba las células mononucleares de su organismo. Es importante notar que el diseño del estudio careció de un grupo de control para obtener comparaciones precisas.
El estudio se centró en entender la interacción entre dos procesos celulares esenciales: la apoptosis, o muerte celular programada, y la autofagia, el método de reciclaje celular del cuerpo. Los primeros resultados mostraron que la aclimatación al frío no es inmediata. Durante los primeros cuatro días, los participantes experimentaron un aumento en la caspasa-3, un marcador que indica muerte celular por estrés, sugiriendo una disfunción tempora de la autofagia.
Sin embargo, a partir del séptimo día, se observó una adaptación en las células, mejorando su capacidad de respuesta al frío y restaurando la autofagia a niveles normales. Por otro lado, los marcadores de inflamación, como la interleucina-6, mostraron escasas variaciones, lo que llevó a la conclusión de que la exposición reiterada al frío mejora la tolerancia celular a bajas temperaturas, pero carece de evidencias concretas para afirmar beneficios antienvejecimiento.
Si bien algunas revisiones recientes sugieren que la inmersión en hielo puede ayudar en la recuperación física y reducir el dolor muscular, su uso constante podría afectar negativamente las ganancias de fuerza y el crecimiento muscular. En el ámbito psicológico, hasta ahora no hay evidencia que respalde que el agua fría mejore el estado de ánimo o reduzca el estrés, dado que muchos estudios presentan sesgos significativos.
Es crucial también considerar los riesgos de esta práctica. La inmersión en agua fría provoca una respuesta fisiológica llamada “cold shock response”, que incluye hiperventilación y taquicardia. Esta respuesta puede representar un riesgo cardiovascular considerable, especialmente en entornos no controlados, lo que podría poner en peligro la vida.
