La reelección de la primera ministra Sanae Takaichi por el Parlamento para formar su segundo gobierno tiene impacto directo en la política nacional, ya que le otorga la capacidad de impulsar su agenda tras la victoria electoral. El resultado aumenta la influencia del gobernante Partido Liberal Democrático en la toma de decisiones en Japón.
El partido obtuvo una supermayoría de dos tercios en la cámara baja, lo que le permite controlar puestos clave en los comités y presentar iniciativas pese al rechazo de la cámara alta. Se espera que Takaichi mantenga al equipo ministerial anterior para preservar la continuidad del Ejecutivo.
Entre las prioridades que anuncia el nuevo Gobierno figuran el fortalecimiento de las capacidades militares, el fomento de ventas de armamento y un mayor gasto público. También propone endurecer la política migratoria y reforzar políticas sociales conservadoras, medidas que la oposición y analistas califican como un giro hacia la ultraderecha.
La mandataria ha expresado además su intención de revisar la Constitución pacifista de posguerra, si bien esa iniciativa podría quedar relegada frente a la urgencia de afrontar la subida de precios, el estancamiento salarial y el descenso demográfico. El Ejecutivo afronta la tarea pendiente de aprobar un presupuesto para financiar medidas económicas retrasado por el calendario electoral.
Para aliviar el coste de la vida, el Gobierno propone una reducción temporal de dos años del impuesto sobre las ventas en productos alimentarios. Expertos advierten que una política fiscal expansiva podría generar presiones inflacionarias adicionales y dificultar el avance en la reducción de la elevada deuda pública.
En la esfera internacional, Takaichi busca reforzar los lazos con Estados Unidos y aspira a una cumbre con su presidente, tras recibir apoyo político de ese país durante la campaña. Autoridades estadounidenses anunciaron la participación de capital japonés en varios proyectos dentro de un amplio paquete de inversiones, entre ellos instalaciones energéticas y una planta de fabricación, en un primer tramo valorado en miles de millones de dólares.
La primera ministra ha adoptado una postura firme respecto a China y la situación de Taiwán, sugiriendo la posibilidad de una respuesta japonesa ante un movimiento militar chino, lo que ya provocó represalias diplomáticas y económicas de Pekín. Con su amplio mandato, analistas consideran que podría endurecer aún más su política hacia China y busca apoyo para visitar el controvertido santuario Yasukuni, cuyas visitas son interpretadas por países vecinos como una falta de remordimiento por el pasado bélico japones.
Fuente: contactonoticias.com.mx
