La asistencia a guarderías puede incrementar los episodios de enfermos en los primeros años de vida, un fenómeno conocido como “efecto entrada”, que afecta también a la disponibilidad laboral de los padres. Investigaciones indican que los niños, al comenzar en una guardería, pasan de tener síntomas respiratorios un promedio de 3,8 días al mes a 10,6 días tras solo dos meses. En España, la Asociación de Pediatría de Atención Primaria confirma que el riesgo de complicaciones aumenta significativamente durante el primer año de vida, con una mayor frecuencia de visitas a urgencias.
La exposición a un entorno menos estéril fomenta un aumento en enfermedades como resfriados y bronquitis en los primeros años, aunque estudios sugieren que a partir de los cuatro años, los niveles de salud se igualan o incluso favorecen a quienes comenzaron su escolarización temprano. Esto se explica por el papel de los niños como “reservorios” biológicos de virus, con una probabilidad cuatro veces mayor de detectar virus en menores de cinco años.
Aunque es común que los pequeños lleven gérmenes a casa, la literatura señala que las tasas totales de infecciones son similares entre quienes asisten a guardería y quienes permanecen en casa. La principal diferencia es que los episodios de enfermedad suceden a una edad más temprana, siendo el rango de seis a doce meses el más crítico para iniciar la guardería.
La creencia de que las infecciones tempranas fortalecen el sistema inmunitario es matizada por los hallazgos científicos, que demuestran que aunque hay una reducción de cuadros respiratorios y otitis en quienes asisten a guarderías, estas ventajas desaparecen al llegar a la adolescencia. En cuanto a enfermedades graves, aunque algunos estudios apuntan a una menor incidencia de leucemia linfoblástica aguda, se requiere más investigación para establecer conclusiones definitivas.
