Una nueva atracción turística ha emergido en Hokkaido, Japón, con el shima-enaga, un pequeño pájaro que ha capturado el corazón de muchos. Con una apariencia que lo asemeja a una bola de nieve, este ave se ha vuelto un símbolo de ternura, atrayendo visitantes de todo el país y generando merchandising dedicado. Sin embargo, su singular encanto esconde un aspecto fascinante de su comportamiento: la crianza cooperativa, una rareza en el mundo aviar. El shima-enaga, una subespecie del carbonero de cola larga (Aegithalos caudatus), pesa aproximadamente 9 gramos y mide entre 12 y 14 centímetros, la mitad de los cuales corresponde a su cola. Este pájaro se distingue por su cabeza completamente blanca, a diferencia de otros carboneros que presentan franjas oscuras sobre los ojos. Su adaptación al frío incluye la capacidad de esponjar su plumaje, creando una capa aislante, algo vital dado su tamaño diminuto. Además, se agrupan al dormir, lo que les permite conservar calor y reducir la pérdida de masa corporal. En cuanto a su reproducción, los shima-enaga practican un curioso sistema de crianza colaborativa, donde machos que no han tenido éxito en su propia cría ayudan a criar los jóvenes de parientes cercanos. Esta conducta se basa en el reconocimiento vocal, aprendiendo los sonidos distintivos de sus familiares durante su desarrollo. La cooperación no se detiene en la cría, ya que durante el invierno prefieren asociarse en bandadas con sus parientes.
Pájaro japonés con cara de bola de nieve sorprende por su vida social
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