Rusia ha utilizado su nuevo misil balístico, el Oreshnik, en ataques contra Ucrania, marcando un hito significativo en su arsenal militar. En un lanzamiento documentado el 21 de noviembre de 2024, el Oreshnik alcanzó la ciudad de Dnipró, con un tiempo de vuelo de solo 15 minutos para cubrir aproximadamente 800 kilómetros. Este hecho resalta no solo la velocidad del misil, sino también su capacidad para impactar a gran distancia, lo que representa un cambio notable en el panorama de la guerra en Ucrania y la forma en que afecta la vida diaria y la seguridad de la población.
El Oreshnik, de alcance intermedio y móvil, forma parte del programa ruso RS-26 y se distingue de los misiles de crucero por su trayectoria balística. Este misil es capaz de liberar múltiples cabezas de ataque que descienden velozmente hacia su objetivo y puede llevar tanto cargas convencionales como nucleares. Aunque el Kremlin afirma que es prácticamente imposible de interceptar, esta afirmación no ha sido validada de manera independiente.
El primer Oreshnik impactó un complejo industrial de Dnipró, vinculado a los sectores aeroespacial y militar. Posteriormente, Rusia empleó este misil en un lanzamiento desde la región de Leópolis, en la frontera con Polonia, llegando incluso a involucrar a decenas de misiles en un ataque más amplio que derivó en múltiples víctimas en Bila Tserkva, al sur de Kyiv.
Los lanzamientos del Oreshnik se realizan desde el polígono militar de Kapustin Yar, en la región de Astracán, cerca de Kazajistán. Este lugar, histórico en pruebas balísticas desde la era soviética, ha sido fundamental tanto para la experimentación militar como para el lanzamiento de satélites. Znamensk, la ciudad más cercana, funciona como núcleo administrativo, pero su imagen contrasta con la tecnología militar avanzada que se prueba en sus alrededores.
Znamensk tiene el estatus de territorio administrativo cerrado, lo que limita el acceso libre y condiciona la vida local a la actividad militar. Este entorno ha permitido que el área mantenga un perfil bajo, a pesar de la prominencia del Oreshnik. La percepción externa se ve afectada por condiciones visibles de deterioro en la infraestructura urbana, y aunque hay algunas imágenes del sistema Oreshnik, las fotografías de su uso en acción son escasas.
El Oreshnik no solo tiene un impacto físico; su uso también plantea cuestiones políticas. Mientras Rusia lo exhibe como una muestra de poder militar, algunos líderes europeos lo consideran un escalón hacia una mayor escalada en el conflicto con Ucrania. Así, el Oreshnik se convierte en un símbolo de la tecnología militar incierta que coexiste con una ciudad marcada por el pasado estratégico y las tensiones actuales.
