Verónica Rosas busca incansablemente a su hijo, quien desapareció hace más de una década en México, un país que enfrenta la terrible realidad de más de 134,000 personas desaparecidas. Su caso es solo uno de muchos que ha llevado a la creación de innovadoras herramientas de inteligencia artificial (IA) que prometen apoyar en estas difíciles búsquedas.
Diego, su hijo, fue secuestrado en el Estado de México en 2015, cuando apenas tenía 16 años. Desde entonces, su madre ha vivido con la incertidumbre y el dolor de no saber su paradero. “Ya son 11 años que no sé dónde está Diego, no hay una línea (de investigación) que nos lleve a saber qué pasó”, comparte Verónica, mientras participa en una manifestación en la Ciudad de México, donde las familias exigen justicia.
Ante la creciente ola de desapariciones, dos proyectos de IA, financiados por universidades mexicanas, buscan ofrecer soluciones. Estos desarrollos aspirarían a convertirse en herramientas gratuitas para las familias en busca de sus seres queridos en los próximos años. Uno de estos proyectos, denominado “Regresa”, se originó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y utiliza técnicas antropométricas para estimar cómo evolucionará el rostro de los menores desaparecidos con el tiempo.
Las fichas policiales actuales generalmente muestran una imagen de la víctima tal como era al momento de la denuncia, desactualizándose con el paso de los años. Mientras algunas fiscalías ya emplean software de progresión de edad, estos no siempre reflejan los rasgos característicos de la población mexicana. “Regresa” se distingue por haber creado un banco de imágenes basado en las características de 75 voluntarios mexicanos, lo que permite obtener retratos más representativos.
Ana Juárez, antropóloga involucrada en este proyecto, explica que se busca representar el crecimiento en términos craneofaciales y no solo visuales, diferenciado de otros softwares existentes. Durante su presentación, muestra ejemplos de cómo el rostro de una niña puede transformarse a lo largo de los años, brindando un rayo de esperanza para familias como la de Verónica.
En la protesta, Verónica ha instalado un buzón en Paseo de la Reforma, que dice “Feliz cumple”, junto a una foto de Diego. En este espacio, los transeúntes pueden dejar cartas con mensajes para su hijo, quien hubiera cumplido 27 años en agosto pasado. “Tengo mucha fe y mucha esperanza en que Dieguito pueda ver estas cartas”, comenta con emotividad.
A nivel internacional, países como Estados Unidos, India y China ya utilizan tecnología comparable para encontrar a menores desaparecidos. En México, el Gobierno, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha prometido crear un registro nacional que incluya muestras de ADN de las víctimas. Sin embargo, la falta de acción sostenida ha llevado a grupos de búsqueda, principalmente formados por madres, a seguir pistas por su propia cuenta.
Karla Lechuga, otra madre que busca a su hijo desaparecido, ha establecido un colectivo en Tepotzotlán tras la desaparición de Jeshua Cisneros en 2025. Su grupo ha instalado “buzones de paz” en distintas iglesias, donde se recaban pistas sobre paraderos y se dejan mensajes de esperanza. “Hemos encontrado a algunos con vida, desafortunadamente otros sin”, comparte Karla.
En un esfuerzo por ayudar a las familias a identificar patrones de desapariciones, la Universidad Iberoamericana trabaja en un proyecto de cartografía que busca visualizar los datos de desapariciones mediante un mapa interactivo, que puede servir de guía para las búsquedas. El antropólogo Emiliano Zolla comenta que este tipo de información es clave para ser procesada con inteligencia artificial, ofreciendo así nuevas vías de esperanza y apoyo a las familias que continúan buscando a sus seres queridos.
