Un nuevo fenómeno está transformando el paisaje urbano de las ciudades: la inteligencia artificial (IA). En localidades como Madrid, los carteles de bares y restaurantes, tradicionalmente diseñados por profesionales, están siendo reemplazados por versiones generadas por IA. Esto se debe a la reducción de costos que permite a los negocios modernizarse rápidamente, aunque a un alto coste en términos de originalidad y personalización.
No obstante, esta homogeneidad estética impuesta por la IA plantea un dilema. Los diseños generados por inteligencia artificial carecen de la diversidad y creatividad que antes caracterizaba a los carteles. Joaquín Cuenca, CEO de Magnific, una de las principales compañías de IA en España, reconoció este desafío al lanzar Magnific One, una herramienta que busca mejorar la calidad y distinción de las composiciones generadas por IA. Cuenca señala que esta nueva estética se vuelve fácilmente reconocible, lo que podría limitar la creatividad en el diseño gráfico.
A medida que más negocios opten por soluciones de bajo costo, el resultado será un entorno visual dominado por estas creaciones uniformes. La tendencia actual sugiere que, tarde o temprano, los consumidores verán dos tipos de productos: los generados por IA, generalmente menos elaborados y más accesibles, y aquellos creados por humanos, con un enfoque artesanal que resalta la calidad y el buen gusto.
Este cambio no es único para Magnific. Otros líderes tecnológicos también están abordando la cuestión del “gusto” en sus productos, reflejando un interés creciente por diferenciación en un mercado cada vez más saturado. Las empresas están invirtiendo en destacar sobre la competencia al ofrecer soluciones que mezclan creatividad humana y tecnología. Magnific One promete incorporar criterios estéticos más refinados, buscando elevar los estándares de lo que se considera “hecho con IA”.
Así, el futuro del diseño gráfico y su relación con la IA podría determinarse por quienes aún valoran la estética. Los consumidores se enfrentan a una elección: inclinarse por la funcionalidad rápida y asequible que ofrece la IA o optar por la propuesta más cuidadosa de los creativos humanos. Mientras tanto, permanece la incertidumbre sobre si eventualmente se alcanzará un equilibrio que permita que la IA potencie la creatividad sin sacrificar la originalidad. Aunque las herramientas como Magnific One se esfuerzan por marcar una diferencia, el camino hacia una estética más refinada en el diseño generado por IA aún parece lejano.
