Un equipo liderado por el Centro de Astrobiología, en colaboración con instituciones españolas y extranjeras, ha identificado un vasto reservorio de pequeñas moléculas orgánicas en una galaxia situada a unos 1.300 millones de años luz, un hallazgo que coloca a los centros españoles en la primera línea de la astroquímica mundial. La detección, realizada con el telescopio espacial James Webb, tiene repercusiones directas para la investigación científica local y para la comprensión de los procesos químicos en el universo.
La galaxia estudiada, identificada como IRAS 07251–0248, se formó tras la colisión de dos galaxias y está envuelta por una densa nube de gas y polvo que la oculta en luz visible, pero que emite con intensidad en el infrarrojo. Esa emisión infrarroja permitió al Webb penetrar el velo y analizar la composición química de su interior.
Las observaciones muestran una abundancia de moléculas orgánicas calificada de inédita y extraordinaria, con presencia masiva de compuestos que los modelos teóricos no consiguen explicar plenamente. Entre las especies detectadas figuran benceno, triacetileno, diazetileno, radical metilo, acetileno y metano, algunas de ellas poco comunes fuera de la Vía Láctea.
Parte de esas moléculas sólo se había observado antes en entornos cercanos como el Sistema Solar o en galaxias satélite en cantidades mucho menores, lo que hace sorprendente su elevada concentración en esta galaxia lejana. La riqueza molecular observada indica un proceso de formación muy eficiente que desafía las predicciones actuales.
Los autores atribuyen el origen de esa producción masiva de compuestos orgánicos a la acción de rayos cósmicos, partículas altamente energéticas generadas en el entorno del agujero negro supermasivo central. Según el análisis, los rayos cósmicos impactan sobre granos de polvo y sobre hidrocarburos aromáticos policíclicos, fragmentándolos y liberando una fuente continua de carbono que alimenta la síntesis de nuevas moléculas.
Ese mecanismo propone una vía para la destrucción y a la vez generación de hidrocarburos, transformando núcleos galácticos oscurecidos en potenciales «fábricas» de moléculas orgánicas con un papel relevante en la evolución química de las galaxias. El resultado mejora la comprensión de cómo se forman, crecen y se destruyen estos compuestos en entornos extremos.
El estudio abre nuevas líneas de investigación sobre la formación y el procesamiento de moléculas orgánicas en regiones hasta ahora ocultas y pone de relieve el potencial del telescopio James Webb para explorar la química del universo. Sus conclusiones tienen interés tanto para la astroquímica como para la astrobiología, al ofrecer pistas sobre los eslabones básicos que conducen a la complejidad orgánica en el medio interestelar.
Fuente: contactonoticias.com.mx
