El aire acondicionado, diseñado originalmente por Willis Carrier en 1902 para mantener la calidad del papel en imprentas, ha evolucionado hasta convertirse en un elemento esencial en nuestros hogares, especialmente durante el verano. Sin embargo, la práctica de dormir con aire acondicionado plantea interrogantes sobre su impacto en la salud. Según el cardiólogo José Abellán, el cuerpo humano está programado para experimentar un descenso natural de la temperatura durante la noche, lo que sugiere que entornos artificialmente fríos pueden afectar la calidad del sueño.
No obstante, esto no implica que el uso del aire acondicionado sea intrínsecamente “malo”. Más bien, el problema radica en la manera en que se utiliza. Cambiar drásticamente de temperaturas puede interferir con el descanso, ya que mantener el aire acondicionado a temperaturas excesivamente bajas, como 18 o 19 grados, puede provocar efectos adversos, desde sequedad en las mucosas hasta interrupciones del sueño. Organismos médicos en España, como la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, aconsejan mantener temperaturas entre 22 y 24 grados para facilitar un ambiente propicio para el sueño.
Guardar un uso moderado del aire acondicionado es esencial. Mantener la humedad ambiental entre un 35% y un 60%, evitar el chorro directo de aire hacia el cuerpo y limpiar los filtros con regularidad son prácticas altamente recomendadas. Utilizar el modo noche del dispositivo o el temporizador para ajustar la temperatura durante la noche puede ayudar a que el cuerpo se adapte más naturalmente a las variaciones térmicas.
Alternativamente, la combinación de aire acondicionado para bajar inicialmente la temperatura y luego recurrir a un ventilador puede ser beneficiosa. Esta estrategia permite enfriar el espacio sin deshumidificarlo en exceso, ayudando a que el cuerpo mantenga su ritmo térmico natural. Otras tácticas, como humedecer las sábanas o enfriar las muñecas, también pueden ser efectivas.
En resumen, la clave no está en evitar el aire acondicionado, sino en usarlo como una herramienta eficaz, siempre buscando un ambiente que favorezca el descanso. Si se emplea conscientemente, puede mejorar la calidad del sueño; sin embargo, si se abusa de su uso, el resultado puede ser perjudicial.
