El creciente teletrabajo ha permitido a las empresas acceder a una mayor diversidad de talento, pero también ha facilitado la infiltración de agentes extranjeros, como ha evidenciado el reciente operativo del FBI que desmanteló una red de programadores norcoreanos en Estados Unidos. Estas operaciones implican el uso de tecnologías que permiten a estos operativos trabajar desde lugares como Pyongyang mientras aparentan ser empleados locales en Texas y otras regiones, afectando la seguridad nacional y la integridad del mercado laboral.
El pasado mes de septiembre, el FBI llevó a cabo registros en más de 40 viviendas en Texas, donde se sospechaba que operaban lo que se conocen como “granjas de portátiles”. Según Brett Leatherman, responsable de ciberdelincuencia del FBI, estos lugares funcionan como centros de datos en miniatura que utilizan múltiples computadoras para redirigir conexiones a través de VPN, logrando así ocultar su verdadera ubicación. Como resultado de estas acciones, se incautaron 187 dispositivos informáticos que utilizaban para realizar operaciones fraudulentas.
La “Operación Lonestar Roundup” del Departamento de Justicia reveló una red que logró recolectar aproximadamente 3 millones de dólares mediante la suplantación de empleados estadounidenses. Detenciones en Ohio incluyen a dos estadounidenses y diez individuos en China relacionados con este tipo de actividades, lo que confirma la complejidad y la escala de la amenaza.
Entre 2019 y medio 2025, se ha identificado un incremento notable en estos fraudes, con un 220% más de empresas afectadas, de acuerdo con un reporte de amenazas de CrowdStrike. Los infiltrados norcoreanos utilizan inteligencia artificial para generar currículums falsos y simulan entrevistas laborales a través de técnicas avanzadas como “faceswap”, que les permite alterar su imagen y voz para pasar desapercibidos.
Además, el FBI ha advertido de una creciente complicidad en Occidente, donde individuos son reclutados para actuar como “externos” en entrevistas de trabajo o incluso facilitar procesos de verificación en empresas que implementan controles de seguridad más estrictos.
Los beneficios que los programadores norcoreanos obtienen pueden ser exorbitantes, con sueldos que alcanzan hasta 300.000 dólares al año, sumando potencialmente cientos de millones de dólares que financian programas militares del régimen. Cada posición ocupada contribuye a la financiación de actividades cuestionables, incluyendo la investigación y desarrollo de misiles.
