España avanza en su objetivo de reducir la dependencia de Huawei en la infraestructura de RedIRIS, la red académica y científica del país, a través de contratos por valor de 10,3 millones de euros. Estos acuerdos asegurarán operaciones y mantenimiento de dicha red durante un período de 38 a 40 meses, a pesar de que requieren conocimientos sobre tecnología Huawei, lo que indica que el país necesita tiempo para realizar una transición efectiva.
RedIRIS, que abarca más de 16,000 km de fibra y conecta a más de 500 instituciones, ha estado altamente influenciada por equipos de Huawei desde un contrato de 2020 con Telefónica, que incrementó la velocidad de transferencia a 100 Gbps. Esa dependencia ha resultado en que en lugar de diversificarse, las decisiones recientes han primado la continuidad con la tecnología china, puesto que introducir nuevos proveedores sería más complicado y costoso.
La situación se complicó cuando se canceló un contrato de 9,8 millones para mejorar la red en agosto de 2025 debido a preocupaciones geopolíticas sobre el uso de tecnología china en infraestructuras sensibles. Aunque España no ha impuesto un veto total a Huawei, sí ha optado por un cambio estratégico hacia mayor autonomía digital.
En julio de 2026, Red.es adjudicó contratos a Telefónica para el mantenimiento de la infraestructura de RedIRIS. Uno de estos contratos, de 4,29 millones de euros, abarca la electrónica de las capas 2 y 3 durante 38 meses. Otro contrato, de seis millones y 40 meses, se enfoca en la monitorización y operación, destacando la necesidad de que los ingenieros tengan certificación Huawei, lo que reafirma la actual dependencia.
Además, Red.es ha iniciado un proceso para renovar completamente la infraestructura y permitir la incorporación de interfaces de hasta 400 Gbps, con un plazo hasta octubre de 2026 para la presentación de propuestas. Esta transición debe hacerse sin interrumpir el servicio crítico para universidades, supercomputadores y centros de investigación.
El desafío no solo está en el software, sino también en el hardware, dado que la sustitución de equipos funcionales implica mantener operaciones en ambas infraestructuras durante un tiempo. Este caso ilustra las dificultades que enfrenta Europa en su búsqueda de soberanía tecnológica, subrayando que alcanzar una independencia total en este ámbito es un proceso laborioso y costoso.
