La lluvia persistente en León, Guanajuato, no apagó la emoción en el Teatro Manuel Doblado, donde el miércoles 1 de octubre, las luces se apagaron para dar inicio a la esperada obra “El Sótano.” Esta producción, inspirada en la inquietante narración del autor japonés Koji Suzuki, conocido por “El Aro,” logró reunir a un público ansioso por sumergirse en el terror.
A las 8:30 de la noche, la atmósfera se tornó densa. Los espectadores acompañaron a Ana Müller, interpretada por Irán Castillo, y a su pequeña hija Isa, en su búsqueda de un nuevo hogar tras la separación de su esposo. El ambiente se cargó de silencios y sobresaltos, mientras Ana descubría que el edificio ocultaba secretos oscuros.
Sobre el escenario, Irán Castillo brilló con su interpretación, acompañada de Rafael Perrín y la joven Camila Suárez, cuya actuación conquistó al público. La obra utilizó el contraste de la canción japonesa “Ue o muite arukō,” también conocida como “Sukiyaki,” para intensificar la ansiedad en la sala. Este recurso, junto con los elementos de videomapping y sonido, creó una sensación desasosegante, donde lo cotidiano se convertía en sinónimo de peligro.
Al finalizar la función, Rafael Perrín dedicó un emotivo homenaje a Otto Sirgo, un querido actor que había sido parte de la historia de “El Sótano” durante muchos años. Su legado se recordó con cariño, subrayando la conexión personal que la obra ha forjado con las generaciones de espectadores.
En un gesto de gratitud, Perrín también agradeció al público leonés por su apoyo y mencionó la participación de su hijo, Esteban Perrín, como director en esta nueva etapa de la obra. Así, el regreso de “El Sótano” a León se vivió no solo como un evento cultural significativo, sino como una experiencia emocional que dejó a los espectadores con una última dosis de misterio y reflexión sobre el miedo intrínseco en lo que nos rodea.
