La cumbre celebrada en Miami convocada por el presidente de Estados Unidos reúne a una decena de líderes latinoamericanos de derecha y sus decisiones podrían tener impactos en la política y la economía de México y de estados como Michoacán. La proximidad geográfica y los asuntos comerciales y migratorios en discusión hacen que el encuentro sea de interés local.
El encuentro, denominado «Escudo de las Américas», tiene lugar en el Trump National Doral Miami, un resort propiedad del mandatario, y busca reforzar el liderazgo de Washington en la región y contrarrestar la creciente influencia de China. Los organizadores destacan la intención de coordinar posturas políticas y económicas entre los asistentes.
Entre los primeros en arribar estuvieron el presidente de Panamá, José Raúl Mulino; el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar; y el presidente de Honduras, Nasry Asfura. Posteriormente llegaron los mandatarios de Bolivia, Ecuador, Costa Rica, Argentina, República Dominicana, Guyana, Paraguay y El Salvador.
El anfitrión tiene previsto pronunciar un discurso ante los asistentes, aunque redujo su estancia para atender otros compromisos oficiales, incluidos actos vinculados a la recepción de militares fallecidos en conflictos internacionales. Los líderes latinoamericanos mantendrán además un almuerzo de trabajo con funcionarios de la administración estadounidense.
No fueron invitados a la cita los líderes progresistas de las mayores economías de la región, incluidos Brasil y México, ni tampoco Colombia, país que había sido aliado estratégico de Washington en la lucha contra el narcotráfico. La ausencia de esos gobiernos subraya el carácter selectivo de la convocatoria.
El «Escudo de las Américas» se presenta como una cumbre paralela a la tradicional Cumbre de las Américas, foro creado en 1994 para reunir periódicamente a los jefes de Estado del continente, cuya última edición fue cancelada por desacuerdos entre sus miembros. Los organizadores buscan ofrecer una alternativa alineada con posiciones afines a la Casa Blanca.
El encuentro fue convocado antes del inicio de la guerra con Irán y se desarrolla tras episodios que han tensionado las relaciones regionales, como la captura en enero del líder venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en Venezuela y las medidas restrictivas impuestas por Washington a Cuba. Esos hechos han marcado el contexto político en que se celebra la reunión.
En paralelo, la cumbre coincide con esfuerzos estadounidenses por contrarrestar la influencia de China en América Latina, que han incluido presiones sobre el Canal de Panamá para desvincularse de empresas de Hong Kong y sanciones vinculadas a proyectos de infraestructura tecnológica. Las medidas forman parte de una estrategia más amplia sobre inversión y seguridad en la región.
Fuente: contactonoticias.com.mx
