Las ciudades enfrentan un problema térmico creciente debido al efecto de “isla de calor urbana”, donde los materiales como el cemento y el asfalto absorben calor durante el día y lo liberan lentamente. Este fenómeno intensifica las temperaturas extremas, convirtiendo las calles en entornos difíciles, especialmente durante los meses de verano.
A pesar de las temperaturas en aumento y las frecuencias de las olas de calor, las soluciones han sido limitadas. Una estrategia viable para mejorar el confort térmico urbano es la plantación inteligente de árboles, como demuestran múltiples estudios que respaldan la efectividad de los bosques urbanos conectados. Visitar estos espacios verde provoca inmediatamente una reducción de la temperatura en su proximidad.
Sin embargo, muchas ciudades siguen dejándose llevar por paisajes áridos, dejando las calles y aceras expuestas, lo que amplifica el calor. Esta realidad complica la experiencia de pasear por la ciudad durante las horas más calurosas del día. Aparte de la plantación de árboles, emergen innovaciones como Blocº, un diseño de dos estudiantes de la Universidad de Zúrich, que combina un ladrillo de terracota, agua y energía solar para refrescar el aire en áreas urbanas.
Blocº no es un ladrillo cualquiera; su diseño avanzado incluye conductos de aire y un sistema de ventilación, alimentado autónomamente por un panel solar que aporta la energía necesaria. Utiliza el principio de la refrigeración evaporativa—aquel que nuestros antepasados conocían bien—donde el aire caliente atraviesa cerámica húmeda y, al evaporarse el agua, reduce la temperatura del aire que se expulsa.
Las estimaciones indican que este sistema podría disminuir la temperatura del aire en hasta 9 ºC en condiciones de estrés térmico, consumiendo entre 50 y 56 litros de agua al día, volumen que intenta compensar con un sistema de captación de lluvia que podría recuperar hasta 24 litros diarios.
Aunque estas soluciones representan un avance hacia la adaptación a un clima cambiante, la implementación de árboles y la reconfiguración urbana requieren una planificación extensa y tiempo considerable. Las iniciativas como Blocº están en sus etapas iniciales, lo que sugiere que queda un largo camino por recorrer en su financiación e implementación para crear espacios urbanos más resistentes al calor.
