El Ayuntamiento de Fraga, en Huesca, ha comenzado las obras para elevar en dos metros el dique de su balsa, que tiene una capacidad de 190.000 metros cúbicos. Aunque este proyecto puede parecer menor dentro del contexto nacional, donde existen más de 1,200 embalses, refleja un problema subyacente serio en la gestión del agua en España. A medida que se exploran soluciones para la crisis hídrica, este tipo de proyectos se vuelven relevantes para el abastecimiento de agua en la vida diaria de los ciudadanos.
Actualmente, la construcción de nuevas presas se ha vuelto casi inviable. La mayoría de las áreas aptas para embalses ya están ocupadas y las que quedan suelen ser pequeñas y ambientalmente insostenibles. Por ejemplo, la presa de Mularroya en Zaragoza, aunque finalizada, enfrenta una sentencia de nulidad por no cumplir la Directiva Marco del Agua. Mientras tanto, el embalse de Biscarrués en Huesca sigue en estudio debido a sus posibles impactos ambientales, y Almudévar enfrenta problemas de conexión eléctrica que impiden su llenado. En los últimos 15 años, solo se han inaugurado 20 embalses, sumando apenas 803.6 hectómetros cúbicos a la capacidad embalsada.
El problema de la gestión del agua es más grave de lo que se suele discutir. Según el CEDEX, el país pierde alrededor de 100 hectómetros cúbicos anuales debido al colmatamiento de los embalses, y se proyecta una reducción del 11% al 14% en la escorrentía de agua en los próximos 40 años. Esto significa que la verdadera limitación no es la falta de nuevas construcciones, sino que el barro y los sedimentos están disminuyendo la capacidad de almacenamiento.
La estrategia del Ayuntamiento de Fraga es parte de una tendencia más amplia entre ingenieros que proponen elevar el nivel de embalses existentes en lugar de crear nuevos. Un ejemplo destacado de este enfoque se encuentra en la presa de Yesa, que podría añadir hasta 1,079 hectómetros cúbicos, aunque la obra está actualmente paralizada por alegaciones legales. Por otra parte, en Santolea, Teruel, ya se ha logrado incrementar la capacidad en 81.75 hectómetros cúbicos.
Sin embargo, la aceleración de estos proyectos enfrenta el escepticismo público. Muchas voces consideran que el paradigma de las presas ha alcanzado su límite, argumentando que aumentar la capacidad de almacenamiento no crea más agua. Así, el debate sobre el futuro del agua en España se tornará crucial en las próximas décadas, y sin un consenso claro, los retos se acumularán.
