La proliferación de centros de datos ha capturado la atención pública en los últimos años, especialmente asociado al impacto de la inteligencia artificial (IA). Las grandes tecnológicas, impulsadas por las crecientes demandas de los modelos de lenguaje (LLM), han acelerado la construcción de estas instalaciones a nivel global, llegando a España, donde se cuentan más de cien centros de datos operativos o en proyectos, con una potencia total de 2,9 GW. Este gasto masivo, que alcanzará unos 900.000 millones de dólares por parte de las cinco principales firmas tecnológicas de EE. UU. en 2023, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo de la IA y su rentabilidad, dada la creciente presión económica sobre la infraestructura de datos.
Al mismo tiempo, la construcción de estos centros ha generado inquietudes políticas y sociales. Su bajo empleo de mano de obra, gran consumo energético y ocupación de extensos terrenos han suscitado desconfianza entre las comunidades locales y ciertos grupos políticos. Esta dinámica ha alimentado un debate sobre los beneficios reales y el impacto medioambiental de los centros de datos.
En este contexto, José Luis Gómez Pardo, CEO de Nixval, un centro de datos valenciano, expone su visión sobre la industria. Con casi 20 años de operación, Nixval se define como un centro “neutro”, proporcionando infraestructura para la interconexión de diversas redes de internet. Esta neutralidad permite a diferentes proveedores de internet conectarse entre sí de manera equitativa, un aspecto fundamental para el funcionamiento eficiente de la red.
Este tipo de infraestructura se vuelve crucial en situaciones de emergencia, garantizando que el tráfico digital se mantenga dentro de la región en caso de interrupciones. Si consideramos a internet como una infraestructura vital, Nixval desempeña un papel significativo al facilitar esta interconexión.
El concepto de “soberanía tecnológica” es también relevante en la conversación actual, especialmente en la Unión Europea, que busca reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y China. Según Gómez Pardo, la ubicación de centros de datos en territorio europeo no solo debería favorecer la soberanía, sino también que la tecnología utilizada sea de origen europeo.
Las recientes regulaciones impuestas en España sobre la sostenibilidad de los centros de datos han generado controversia en el sector. Un nuevo decreto exige que al menos el 80% del consumo energético de estas instalaciones provenga de fuentes renovables, un objetivo que, aunque puede resultar beneficioso, presenta desafíos técnicos y económicos significativos. Gómez Pardo advierte que cumplir con esta regulación podría incrementar considerablemente los costos de operación, poniendo en riesgo muchos proyectos.
La regulación se justifica por el creciente interés de gigantes tecnológicos en establecer operaciones en España. Regiones como Aragón aparecen como candidatas ideales debido a su abundante energía y espacio, pero existen preocupaciones sobre cómo estos desarrollos se perciben a nivel local, donde las comunidades pueden experimentar efectos adversos, como la degradación ambiental.
El consumo de agua es otro tema controvertido en el discurso público sobre centros de datos. A pesar de algunos malentendidos generalizados, Gómez Pardo aclara que en su instalación, el consumo de agua es mínimamente relacionado con el enfriamiento, siendo usado principalmente para servicios básicos.
En cuanto a la eficiencia energética, se compara el consumo de los centros de datos con el del transporte público, indicando que la centralización de la infraestructura digital puede ser más sostenible que dispersar servidores en múltiples localidades.
La percepción pública sobre los centros de datos es, en general, negativa. Según Gómez Pardo, la falta de comunicación efectiva del sector ha contribuido a este fenómeno. La industria ha estado demasiado centrada en aspectos técnicos sin lograr transmitir su relevancia para la vida digital moderna.
Mirando hacia el futuro, se anticipa que los centros de datos evolucionarán para satisfacer la creciente demanda de inteligencia artificial, donde la latencia será un factor clave. A medida que aumenten las interacciones entre modelos de IA y dispositivos, la proximidad de los centros de datos a los usuarios se vuelve esencial, lo que podría llevar a una red descentralizada más eficiente y adaptada a las necesidades locales.
