El expresidente Ernesto Zedillo ha levantado una polémica en México al calificar al país como una autocracia electoral. Esta declaración, que toca fibras sensibles en la ciudadanía, genera inquietud sobre el futuro de la democracia en el país. La presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con firmeza, acusándolo de hipocresía por su papel en eventos políticos pasados, como el fraude electoral de 1988 y las negociaciones para la llegada de Vicente Fox a la presidencia en el año 2000.
Durante un foro organizado por la revista Letras Libres, Zedillo, quien gobernó por el PRI, afirmó que el gobierno actual ha debilitado el poder judicial y los organismos autónomos a través de reformas constitucionales. Según él, esto ha transformado al sistema político en un régimen que solo simula la celebración de elecciones, perjudicando así la esencia democrática del país.
El exmandatario también criticó la negativa del Gobierno de México a colaborar en la extradición de figuras políticas relacionadas con el narcotráfico y condenó la militarización de las funciones de seguridad pública. Su afirmación de que “nuestro país no tiene los atributos que debe tener una democracia” ha resonado en diversos sectores de la sociedad.
La presidenta Sheinbaum, por su parte, recordó que Zedillo formó parte del gabinete de Carlos Salinas de Gortari, sugiriendo que su trayectoria lo descalifica para emitir juicios sobre la democracia actual. En su intervención, subrayó que quienes apoyaron el fraude electoral de 1988 son los mismos que hoy critican al gobierno actual por presuntas fallas democráticas, lo que considera un acto de hipocresía.
Además, apuntó que la llegada de Vicente Fox a la presidencia fue negociada con autoridades estadounidenses, lo que la directora del Ejecutivo federal considera un desprecio por la voluntad popular. También resaltó que los problemas actuales en la contratación de material electoral se originaron en su administración en 1999, cuestionando la credibilidad de su crítica al sistema electoral actual.
