El 15 de octubre de 2026, la Convención del Metro anunció la eliminación del segundo intercalar, un mecanismo utilizado desde 1972 para alinear la hora atómica con la hora solar. Esta decisión implica que el Tiempo Universal Coordinado (UTC) y el tiempo astronómico (UT1) se desacoplarán gradualmente, alcanzando eventualmente hasta una hora de diferencia, un fenómeno que podría ocurrir en cientos de años. Según los expertos, esta medida es beneficiosa para los sistemas informáticos actuales y evitará complicaciones en el manejo del tiempo.
Desde su introducción, se han añadido 27 segundos intercalares para mantener una diferencia de no más de 0,9 segundos entre el UTC y el UT1, pero la reciente votación en la Convención, donde solo Rusia se opuso, ha sellado la eliminación de esta práctica. A partir del 20 de mayo de 2027, el UTC no se ajustará con segundos intercalares, lo que cambiará la forma en que medimos el tiempo en el futuro.
La definición del segundo ha evolucionado. Hasta 1960, se basaba en la duración de un día solar medio, pero desde 1967 se establece como 9.192.631.770 periodos de la radiación de transición del cesio-133. Así, los relojes atómicos se utilizan para obtener un tiempo extremadamente exacto, calculando la hora a partir de una red de 450 relojes en todo el mundo.
El Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS) ha publicado informes semestrales sobre la necesidad de añadir segundos intercalares, pero la eliminación de estos ajustes podría simplificar la sincronización de sistemas electrónicos, que podrían no estar preparados para ajustarse retroactivamente.
Factores como el movimiento del núcleo terrestre y el cambio climático influyen en la rotación de la Tierra, lo que puede provocar la necesidad de un segundo negativo en el futuro, con un 30% de probabilidad de que ocurra antes de 2035. La decisión de eliminar el segundo intercalar tiene implicaciones para la vida diaria; aunque en el corto plazo los cambios no serán significativos, el desacoplamiento entre UTC y UT1 podría generar complicaciones para científicos y astrónomos que dependen de mediciones precisas.
A pesar de la polémica, algunos expertos argumentan que la diferencia, cuando sea significativa, podría resolverse ajustando los husos horarios. Sin embargo, aún no se han definido planes específicos para cuando la discrepancia temporal se vuelva crítica, dejando el desafío para un futuro incierto.
