Galicia enfrenta una crisis significativa en su emblemático sector del marisco, que ha visto un desplome del 52% en la venta de bivalvos en la última década. Este descenso, que afecta tanto a la economía local como a la experiencia turística, se traduce en menos disponibilidad de productos marinos y precios elevados para los consumidores. Condiciones meteorológicas adversas, como olas de calor y borrascas, han impactado gravemente a las rías gallegas, alterando la salinidad y reduciendo la población de especies clave como la almeja babosa, cuya captura ha caído un 89.2% desde 2015, y la almeja fina, que ha experimentado una reducción del 87.3%.
A esta situación se suman factores como la marea roja, que ha paralizado la producción de mejillones, y la competencia a nivel global, lo que ha generado una presión adicional sobre el sector. Aunque los precios han aumentado —12,76 euros por kilo en 2025, el nivel más alto de la década—, esto no ha compensado la disminución en el volumen de venta, que alcanzó solo 3,74 millones de kilos el año pasado en comparación con 7,8 millones en 2015.
La Xunta de Galicia ha comenzado a implementar medidas de apoyo a los mariscadores afectados y está buscando formas de estimular la recuperación de los bancos marisqueros. Sin embargo, el panorama a corto plazo sigue siendo incierto, complicando aún más la situación de un sector que es vital tanto para la cultura como para la economía gallega.
