El Faro del Caballo, en Santoña, ha captado la atención de jóvenes aventureros que, a pesar de su cierre oficial por riesgo de desprendimientos, continúan accediendo a sus 763 escalones tallados en la roca del Monte Buciero. Este icónico faro, inaugurado en 1863, ha sido objeto de atención viral en redes sociales, donde muchos se lanzan desde sus plataformas al agua, una actividad que plantea serias preocupaciones sobre la seguridad del lugar. En marzo de 2026, el Ayuntamiento de Santoña ordenó el cierre del acceso después de caídas de rocas en la escalera principal, y aunque las advertencias sobre los peligros son claras, el deseo de explorar el faro persiste entre los visitantes.
La escalinata, construida por reclusos del antiguo presidio de Santoña, se ha convertido en un atractivo turístico importante, incluso impulsando trabajos de rehabilitación en 2013 por parte de internos del Centro Penitenciario El Dueso. Esta acción transformó el faro de una infraestructura en desuso a un destino turístico apreciado, pero también ha traído consigo riesgos de seguridad que los responsables insisten en abordar.
No obstante, el futuro del Faro del Caballo se ve incierto. El convenio de gestión turística, que caduca en mayo de 2026, no será renovado por la Autoridad Portuaria de Santander, lo que añade una capa adicional de complejidad a la situación. Varias entidades se culpan mutuamente por la responsabilidad del faro y el acceso, sin mostrar un plan claro para su reapertura, lo que deja a la comunidad y a los visitantes en una posición incierta respecto a la seguridad y la accesibilidad de este emblemático sitio.
