Las negociaciones entre Ucrania y Estados Unidos sobre un posible acuerdo para poner fin a la guerra tienen impacto directo sobre la seguridad y el futuro de Ucrania, así como sobre la estabilidad en Europa.
Las conversaciones prosiguen después de la cumbre de la Coalición de Voluntarios en París, donde una treintena de miembros acordaron en términos generales aportar garantías de seguridad y contribuciones a una fuerza multinacional condicionadas a un alto el fuego creíble, aunque los detalles concretos siguen sin definirse.
Una de las principales incógnitas es si esos garantes estarían dispuestos a enfrentarse militarmente a las fuerzas rusas si Moscú reanudara los ataques tras un eventual acuerdo, una pregunta que el presidente ucraniano planteó a sus socios sin obtener aún una respuesta clara.
En París el equipo negociador ucraniano mantuvo conversaciones con asesores de Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Polonia y Turquía, así como representantes de la OTAN, la Comisión y el Consejo Europeo, y con emisarios de la Casa Blanca.
Analistas señalaron que las declaraciones públicas de los aliados resultaron alentadoras en algunos aspectos, incluida la asunción por parte de actores europeos de responsabilidades en la seguridad regional, aunque sin compromisos explícitos sobre el despliegue de tropas en Ucrania.
Expertos ucranianos destacaron que el resultado clave es el compromiso europeo de sostener un Ejército ucraniano fuerte mediante financiación, armas, logística y entrenamiento, y que muchos en Europa consideran que su propia seguridad depende de unas Fuerzas Armadas ucranianas robustas, por encima de la presencia directa de tropas extranjeras en territorio ucraniano.
Desde el ámbito de la seguridad se advirtió que ningún líder extranjero parece dispuesto a prometer abiertamente combatir a Rusia por las limitaciones políticas internas, y que la viabilidad de cualquier garantía dependería de la existencia previa de un alto el fuego estable; al mismo tiempo, en Ucrania existe consenso en que las garantías por sí solas serían insuficientes para obligar a Rusia a deponer las armas.
Se teme además que Rusia busque prolongar la guerra indefinidamente, lo que podría frustrar planes de cooperación económica y ahuyentar inversores, y algunos observadores interpretan un ligero cambio en el enfoque estadounidense al admitir que el esfuerzo diplomático actual podría no bastar, mientras que persiste el debate sobre si Ucrania debería aceptar concesiones para avanzar hacia la paz.
El gobierno ucraniano aseguró que no se ocultará ante las cuestiones más difíciles y reclamó más presión contra Rusia; entre los temas que se prevé abordar figuran las demandas territoriales en la región del Donbás y el futuro de la central nuclear de Zaporiyia, ocupada por fuerzas rusas.
La evolución de las negociaciones suscita inquietud en la población: una encuesta refleja que una amplia mayoría considera que la Administración estadounidense perjudica los intereses ucranianos, y voces civiles piden sopesar con extremo cuidado cualquier concesión, recordando el coste humano ya pagado y la necesidad de respetar el sacrificio de los miles de muertos y heridos.
Fuente: contactonoticias.com.mx
