México se encuentra consternado tras la trágica muerte de Aleyda Romero Victorio, una joven de 21 años que desempeñaba tareas como niñera de los hijos de Jonathan Meléndez, tecladista de la banda Camilo Séptimo. Aleyda perdió la vida en un brutal ataque registrado el 1 de septiembre, donde también fueron asesinados el músico, su esposa Ana Paula, quien estaba embarazada, su hija de tres años y su mascota.
El fatídico suceso tuvo lugar en el fraccionamiento Grand Viure, en la zona de Esmeralda, en Atizapán de Zaragoza, Estado de México. En el momento del ataque, Aleyda cuidaba al hijo mayor del artista y su instinto maternal la llevó a protegerlo, pidiéndole que se escondiera mientras la situación se calmaba. Su gesto salvó al pequeño, que salió ileso, pero lamentablemente, Aleyda fue asesinada cuando salió de la habitación.
Las primeras indagatorias revelan que dos individuos, Diego Sebastián “N” y su chofer Gerardo “N”, son los presuntos responsables de este multihomicidio. Aleyda fue hallada sin vida en el inmueble, con heridas de arma de fuego que reflejan la violencia del suceso.
La banda Camilo Séptimo, en un acto de solidaridad, expresó su pesar a través de un comunicado donde también enviaron condolencias a la familia de Aleyda. “Comunicamos también nuestro pésame a la familia de Aleyda Romero, quien colaboraba con ellos”, señalaron, mostrando así el impacto que su pérdida ha tenido en la comunidad artística.
En Chalco, su familia la despidió con dolor. Su tía, en entrevista, destacó la responsabilidad de Aleyda en su trabajo y pidió justicia, afirmando que “no merecía morir de esa manera”. El regreso de Aleyda a su pueblo fue marcado por un emotivo recibimiento por parte de sus padres, quienes no se separaron de su ataúd. Además, un grupo de músicos rindió homenaje a la joven, quien siempre mostró una gran pasión por el cuidado de los niños.
Aleyda tenía dos hermanos, siendo Isabel Romero una de ellas, quien se encuentra a días de dar a luz a su primer hijo. La historia de Aleyda refleja no solo una pérdida personal, sino un recordatorio de la fragilidad de la vida en medio de la violencia que azota a muchas comunidades.
