El reciente referéndum en el departamento francés de Pirineos Orientales ha culminado con la decisión de mantener su nombre histórico frente a la propuesta de cambiarlo por “Pirineos Catalanes”. La consulta, que tuvo lugar entre el 22 de junio y el 15 de agosto, registró una participación de solo el 10,57% del electorado, con 18.025 votos a favor del nombre actual y 16.092 en apoyo al cambio. Esta situación pone de relieve los retos que enfrenta la identidad catalana en esta región.
Hermeline Malherbe, presidenta del Consejo Departamental, afirmó que “la democracia ha hablado”, insistiendo en que conservar el nombre no significa renunciar a la identidad catalana. Desde la Plataforma per la Llengua, que defendía el cambio, se subrayó que el resultado no debería interpretarse como un rechazo a la cultura catalana, criticando la falta de una campaña informativa efectiva antes de la votación.
Este es el segundo intento donde el administrativismo catalán ha fracasado en Francia. En 2016, otra consulta buscó integrar “Occitania-País Català” y resultó en una victoria para “Occitania”. Louis Aliot, alcalde de Perpiñán, lideró el apoyo para mantener el nombre histórico, indicando que el éxito de su bando fue mínimo y generando debates sobre el sentido de esta victoria.
La historia de esta región se remonta al Tratado de los Pirineos de 1659, donde se dividió un territorio culturalmente uniforme entre España y Francia. Hoy, fenómenos como la existencia de Llívia, un enclave español en territorio francés, evidencian la complejidad de la situación. En Cataluña Norte, el uso del catalán ha disminuido notablemente, lo que destaca un proceso de desplazamiento lingüístico que se ha intensificado a lo largo de los años.
A nivel regional, el caso de Alsacia contrasta con la situación de Pirineos Orientales. Después de la fusión en “Gran Este” en 2016, Alsacia recuperó su nombre histórico en 2021, mostrando una diferencia de voluntad política que no se ha replicado en el caso catalán. En el lado español, el Valle de Arán ha logrado el reconocimiento oficial del aranés, lo que destaca que las decisiones en términos de identidad y lengua son variopintas y influyen en la cohesión social.
