La vida de Makenya, una joven de 14 años, da un giro inesperado al enterarse de su embarazo. Este acontecimiento la empuja al umbral de la adultez, obligándola a encontrar su lugar en una comunidad que lidia con las secuelas del colonialismo y la opresión. Mientras su abuelo se manifiesta por la justicia social y su madre busca respuestas en tradiciones ancestrales, Makenya navega un camino lleno de desafíos y aprendizajes.
En medio de esta trama, llega a México Sugar Island, la primera película de ficción de la cineasta dominicana Johanné Gómez Terrero, tras un intenso trabajo de ocho años y múltiples festivales internacionales. Gómez Terrero cuenta que la historia se origina en su propia experiencia familiar, donde el embarazo adolescente ha marcado a varias generaciones, incluyendo a su sobrina, madre a los 13 años. Esto la llevó a abordar el tema del embarazo en adolescentes y su relación con las comunidades afectadas por el colonialismo, creando un vínculo entre lo personal y lo colectivo.
La realizadora reflexiona sobre su papel como cineasta. Si bien no busca ser activista, siente que la historia de su comunidad la impulsa a hablar de las injusticias que enfrentan las minorías. En Sugar Island, se entrelazan diversas capas de significado, desde la experiencia individual de la joven hasta la realidad de los cañeros y la recuperación de lo ancestral. Gómez Terrero se propuso narrar estos aspectos sin revictimizar a los personajes, asegurando que cada uno tiene su propia voz y complejidad.
La película incluye una fuerte dimensión espiritual, influenciada por la revolución haitiana y sus líderes espirituales, lo que establece un hilo común con las luchas contra la opresión. Esta relación entre espiritualidad y resistencia resuena profundamente, al igual que la búsqueda de conexiones en un Caribe históricamente fragmentado por la colonialidad.
Gómez Terrero menciona que, a pesar de la cercanía geográfica y cultural, el cine dominicano enfrenta dificultades para tener presencia en la región. Las narrativas suelen estar divididas entre el Caribe anglófono, francófono y hispano, lo que dificulta el intercambio cultural. Actualmente, a pesar de contar con incentivos para la producción, la distribución sigue siendo un reto. Para ella, el reconocimiento por parte de audiencias en el norte global es fundamental para que las historias caribeñas encuentren su lugar en el panorama internacional.
Finalmente, destaca que el proceso creativo para hacer Sugar Island fue tan significativo que nunca pensó en las estrategias de distribución. Su enfoque se centró en terminar la película y dar vida a una narrativa que refleja una realidad compleja y rica, capaz de resonar con otros y fomentar un diálogo entre distintas culturas y experiencias.
