En León, Renato Pontta presenta su álbum debut titulado “#hopecore”, un trabajo que surge de vivencias personales y busca ser un refugio para aquellos que enfrentan momentos difíciles. Este lanzamiento refleja una búsqueda de propósito en medio de la tristeza y promueve una narrativa de reconstrucción emocional, donde la vulnerabilidad y el amor propio juegan un papel central.
En una conversación con AM, Renato destacó que su intención no es glorificar el dolor, sino ofrecer una música que reconozca la tristeza y, al mismo tiempo, inspire a superarla. El artista compartió que la idea de este disco nació de su propia experiencia al consumir contenido melancólico que, aunque lo ayudaba a sentir conexión, también lo mantenía atrapado en emociones difíciles.
Renato señaló que el álbum toca temas como la lucha de su padre con la depresión y la presencia de Teo, su perro, quien ha sido un soporte emocional durante los momentos complicados. Hablar de estos temas significó abrir espacios que normalmente permanecen ocultos, permitiendo que otros se identificaran con su historia.
A través de los 11 temas que componen “#hopecore”, el artista busca crear un universo sonoro donde cada elemento resalte la emoción detrás de las letras. En este proceso, cada textura y sonido son elegidos con la intención de reflejar lo humano, evitando caer en la búsqueda superficial de atención.
El álbum también incluye colaboraciones con artistas como Fer Casillas, Sebastián Romero, Thyan V, Valeria Roswell y el guatemalteco KIKI, elegidos por su conexión emocional con el mensaje del disco. La diversidad de influencias, que van desde Nathy Peluso hasta Anderson .Paak, se entrelazan con la experiencia personal de Renato, convirtiendo este proyecto en un viaje emocional compartido.
Mirando hacia atrás, Renato reconoce que la persona que comenzó este viaje enfrentaba agotamiento emocional y miedo. Hoy, aunque aún está en camino hacia la sanación, se siente más honesto y consciente de su propia vulnerabilidad. “#hopecore” no solo es un álbum, sino un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, siempre hay un destello de luz que puede guiar hacia adelante.
