La investigación espacial está generando innovaciones con un impacto directo en la salud humana, especialmente en el tratamiento de la ceguera. La empresa LambdaVision, en colaboración con Tango Space, ha estado trabajando durante la última década en el desarrollo de retinas artificiales a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI). Este esfuerzo busca recuperar la visión a personas con degeneración macular asociada a la edad y retinitis pigmentaria, condiciones que afectan drásticamente la capacidad visual.
Durante diez misiones en la EEI, LambdaVision ha conseguido mejorar la uniformidad, el rendimiento óptico y la reproducibilidad de estas retinas en microgravedad, uso que resulta más eficiente que en la Tierra debido a los problemas que la gravedad presenta en el proceso de fabricación. En condiciones normales, las capas de las retinas artificiales pueden quedar desiguales, lo que afectaría la calidad de la visión resultante.
Las retinas artificiales se basan en la bacteriorrodopsina, una proteína que convierte la luz en energía, similar a cómo funciona la retina natural. Este método consiste en apilar cientos de capas de bacteriorrodopsina sobre un sustrato, un proceso que se complica en la Tierra por la gravedad, donde las moléculas más densas tienden a depositarse en el fondo del recipiente, afectando la uniformidad.
Para superar estas limitaciones, LambdaVision se asoció con Space Tango y utilizó el CubeLab, un módulo experimental que facilita la automatización de estos procesos en el espacio. Este sistema permite bombear soluciones de manera controlada, lo que evita que las capas de las retinas se distribuyan de forma desigual.
El enfoque automatizado no solo optimiza la producción, sino que también minimiza la necesidad de intervención humana, permitiendo monitorear el proceso desde la Tierra. Además, la carga útil generada es reducida, lo que maximiza la cantidad de retinas producidas en el espacio.
Con miras al futuro, LambdaVision planea lanzar una nueva misión a finales de este año para aumentar la capacidad de producción y optimizar los procesos. Si los ensayos tienen éxito, se esperan pruebas clínicos para 2027 o 2028, marcando un paso significativo hacia el uso práctico de estas retinas artificiales en la lucha contra la ceguera. La investigación espacial, por tanto, no solo expande nuestro conocimiento, sino que también genera beneficios concretos en la Tierra.
