En Salamanca, Guanajuato, la violencia ha dejado una impronta significativa en la vida diaria de sus habitantes. Ante un aumento de delitos como el secuestro y la extorsión, el presidente municipal César Prieto Gallardo ha calificado la situación de “grave”. En lo que va del año, la comunidad ha sido testigo de múltiples casos de personas privadas de su libertad, incluidos incidentes ocurridos en puestos de comida y domicilios.
La inquietud se intensificó el 25 de enero, cuando un ataque armado en las canchas de futbol de la comunidad Loma de Flores resultó en la muerte de once personas y dejó a doce más heridas. Este trágico evento llevó al alcalde a solicitar apoyo a los gobiernos federal y estatal para restablecer la seguridad pública. A cuatro meses de esa masacre, César Prieto reporta una coordinación con las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado, la Guardia Nacional y la Sedena. Aunque los homicidios han disminuido, otros delitos continúan al alza, reflejando la complejidad de la situación.
El alcalde enfatiza que la seguridad en Salamanca requiere un trabajo conjunto entre las distintas instancias de seguridad y la Fiscalía, resaltando la importancia de compartir información para combatir el crimen. Asimismo, ha demandado la implementación del “Operativo Enjambre” en Guanajuato, alertando sobre la posible conexión entre funcionarios públicos y el crimen organizado.
Prieto también solicitó la reactivación de las investigaciones sobre el asesinato del periodista Israel Vázquez Rangel, ocurrido en diciembre de 2020. Él exigió que se esclarezca este caso, pues algunos de los presuntos responsables continúan en libertad, generando preocupación entre los ciudadanos.
Desde enero de 2026, se han reportado al menos diecinueve secuestros en Salamanca, comenzando con el caso de una mujer en un puesto de tacos en Faja de Oro. A lo largo de los meses, los habitantes han enfrentado múltiples incidentes en diversas comunidades, incluyendo la privación de libertad de un adolescente y un empresario en situaciones de alto riesgo.
La creciente ola de violencia ha modificado la rutina diaria de los salmantinos, quienes demandan un entorno más seguro y un esfuerzo conjunto para afrontar esta crisis. La comunidad sigue atenta a las acciones de sus autoridades, esperando respuestas que garanticen su bienestar y tranquilidad.
