El rover Perseverance de la NASA ha hecho un descubrimiento notable sobre la superficie de Marte al soltar piezas de hardware que formaron cinco cráteres, revelando información valiosa sobre las características del terreno marciano. Este evento no solo proporciona datos científicos cruciales, sino que también sugiere que las fórmulas utilizadas para calcular impactos de meteoroides pueden requerir una revisión. La investigación, publicada recientemente, destaca cómo estos cráteres, originados por elementos de la Tierra, pueden ofrecer un entendimiento más profundo del planeta rojo.
Durante su trayecto a Marte, Perseverance y otras naves espaciales incorporan piezas de lastre para estabilizar su vuelo, permitiendo que giren en un movimiento similar al de un pollo asado. Al llegar al planeta, estas piezas son desechadas para reubicar el centro de masas de la nave y facilitar un aterrizaje exitoso, como ocurrió con dos bloques de tungsteno, cada uno de 77 kg, y la etapa de crucero que ya no era necesaria.
Las cámaras del Mars Reconnaissance Orbiter se encargaron de identificar estos nuevos cráteres, que resultaron ser importantes para la investigación científica. Al analizar su forma y tamaño, los científicos simularon el impacto utilizando modelos computacionales, hallando que el material de la superficie marciana tenía una cohesión de alrededor de 7 kilopascales, lo que indica la presencia de una arenilla de baja cohesión que resulta fácil de desmenuzar con las manos.
Este hallazgo es complementario a las dificultades enfrentadas por la sonda InSight en 2019, que, al intentar perforar el suelo marciano, reveló un material demasiado arenoso que obstaculizó su misión. Aunque las ubicaciones de InSight y los cráteres de Perseverance son distintas, el comportamiento del terreno sugiere que la falta de cohesión no es un caso aislado en Marte.
A partir de estas observaciones, los investigadores plantean que las ecuaciones utilizadas hasta ahora para predecir el impacto de meteoroides podrían estar erradas. Un meteoroide natural no necesariamente produce el mismo efecto que los objetos artificiales, lo que podría significar que los modelos actuales requieren recalibración para reflejar con mayor precisión la realidad.
Este estudio también sugiere una potencial “economía circular” en el espacio, donde los componentes desechados durante los aterrizajes pueden ser empleados para estudiar el terreno y conocer mejor Marte. Con la futura exploración y colonización en mente, comprender las características del espacio será crucial para avances en asentamientos permanentes.
